A LIMIA

Las trabas burocráticas lastran oportunidades a los retornados

Un farmacéutico y una enfermera aguardan a sus convalidaciones para comenzar de nuevo en Ourense

Luisa Joga y Rodrigo Daniel, los brasileños que han dado un giro a su vida para llegar a Rebordechá.
Luisa Joga y Rodrigo Daniel, los brasileños que han dado un giro a su vida para llegar a Rebordechá.
Las trabas burocráticas lastran oportunidades a los retornados

El pasado sábado este diario se hacía eco de la sangría poblacional que sufre esta provincia en una franja de edad muy concreta, y de las más aprovechadas y aprovechables para mejorar el producto interior bruto de un país, la de los jóvenes entre los 25 y los 45 años. Según los datos del Instituto Galego de Estadística, entre los años 2010 y 2017, la provincia ourensana perdió 3.100 habitantes, saldo negativo resultante de la diferencia entre los 47.000 oriundos que decidieron hacer las maletas y los 44.000 que llegaron buscando un futuro mejor entre los lindes provinciales.

Aunque no entran a formar parte de esa estadística, por la cercanía temporal de su experiencia, Luisa y Rodrigo son dos de los que han decidido, hace poco más de tres meses, emprender el camino de vuelta que en su día acometieron los padres de ella camino de Brasil. La aldea limiana de Rebordechá se ha convertido en su nueva morada, para "comenzar completamente de nuevo nuestra otra vida tras abandonar una existencia acomodada en Brasil", reconoce la joven de sangre gallega.

Los padres de ella nacieron en Boado y Rebordechá, y hasta Brasil que partieron muy jóvenes buscando un porvenir que acabarían por obtener y dárselo a sus dos hijas. La mayor, psicóloga, "tiene su vida en Brasil y sé que de allí no se moverá", apunta Luisa. Ella, enfermera de profesión, lo tuvo muy claro, "sobre todo por la situación ya no solo económica de ese país, sino también política y social. Vivíamos en la ciudad maravillosa de Río de Janeiro, pero éramos muy conscientes de que no podías salir en cualquier momento a la calle, te arriesgabas a tener un arma en la cabeza", señala con pesar.

Con todo, Luisa ya sabía con ocho años que quería volver al país que le dio la sangre y al que no había vuelvo a visitar desde que contaba un año de edad. Hace dos decidieron, ella y su actual marido, viajar hasta España para comprobar que podría ser la siguiente opción en sus vidas. Después de constatarlo, partieron con sus únicas cuatro maletas y sin un lugar donde hacer noche al llegar a Barajas. Tras varios periplos en el mes de mayo, con estafa incluida, recalaron temporalmente en la casa de su hija en Alemania, para definitivamente ocupar la de su abuela en Rebordechá: "Es una casa vieja que casi no da para vivir. Pero aquí estamos, con nuestras cuatro maletas, sin coche y sin las homologaciones pertinentes de nuestra formación -ella, enfermera; su esposo Rodrigo, farmacéutico-", lamenta. Los dos han comenzado cuidando, ella a una niña discapacitada y él, a una pareja de ancianos. Les falta de casi todo, menos las ganas.


Ni el estado civil se equipara de inmediato


Rodrigo y Luisa aguardan a las oportunas convalidaciones de sus respectivas titulaciones para poder ejercer su profesión con todas las garantías laborales. Varias han sido las ofertas recibidas por su condición de enfermera, pero que debió rechazar por estar aún en proceso "la homologación de mi formación. Yo me he titulado y he ejercido en Brasil, pero mi responsabilidad y el cumplimiento de la legislación me impide el hacerlo aquí", reconoce. Con todo, Luisa es la afortunada de la pareja. Su condición de hija de españoles la convierte automáticamente en una más. Sin embargo, su compañero Rodrigo acaba de hacerse con un permiso provisional de residencia, después de que hubiese caducado su visado temporal de tres meses "y tener que esperar un mes más porque no había fechas para las tramitaciones disponibles", asegura. 

Las trabas burocráticas para emprender su nueva vida son tales, que Luisa, casada con Rodrigo en segundas nupcias en Brasil, no podrá inscribir su último matrimonio en España hasta que un tribunal no emita la correspondiente sentencia de divorcio del primero de ellos, "cuando en Brasil, tanto mi primer matrimonio, su posterior divorcio y mi segundo casamiento están oportunamente inscritos en la registro", comenta.