Carlos se va

Sólo tres palabras. Tres palabras que resuenan por todos los rincones del CHUO, como un martilleante karma que va de boca en boca de celadores, enfermeras, médicos, pacientes y familiares de todos ellos: Carlos Ulibarrena se va. Lejos de mí la idea de establecer comparaciones, siempre odiosas, pero sí que quiero preguntar/preguntarme ¿cómo es posible que la Sanidad Ourensana pueda permitirse el lujo de perder a esta infatigable eminencia de la Hematología? ¿Qué pasos, gestiones y/o diálogos ha dado o realizado la Gerencia del CHUO para evitar esta irreparable pérdida?
Es posible, pero no disculpable, que la múltiple gestión de centros sanitarios impida el ver y apreciar lo que es tan evidente. Si la citada Gerencia desconoce la eficaz labor que a lo largo de 20 años ha venido desarrollando Carlos Ulibarrena; si ignora que hay un hematólogo que inicia su tarea antes de que el sol se ponga a la suya y que la concluye (cuando lo hace) a pocas horas de la siguiente madrugada; si no sabe que, acompañado de otros facultativos, enfermeras y auxiliares, ha colocado el Servicio de Hematología entre los punteros de España y Europa... Si desconoce, ignora o no sabe nada de esto lo tiene muy sencillo: pregunte a las miles de personas que, dentro de la desgracia de una enfermedad, han/hemos tenido la fortuna de recibir la siempre docta, eficaz, atenta y agradable atención de Carlos Ulibarrena Redondo.

Carlos se va. Ha solicitado y le ha sido aceptado el traslado. Con él y su extrema discreción se van los motivos de su marcha. Carlos se va, pero con nosotros se quedará por siempre su recuerdo y las 'secuelas' de su buen hacer. Con él se irá también nuestro reconocimiento, admiración y, evidentemente, nuestro agradecimiento. Quizás nada de ello alcance para mitigar su pesar por abandonar Ourense, donde ha echado raíces profesionales, sociales y sentimentales.

Quizás no pueda yo contribuir con estas torpes y humildes letras mal hilvanadas, pero no se puede ir sin saber que se ha hecho querer y que ha sido querido por todos... o casi.

Hasta siempre Carlos y feliz singladura. Enhorabuena (y envidia) a los habitantes del puerto donde amarre tu barco para seguir dignificando y representando a la sanidad pública. Un fuerte abrazo, mío y de mi familia. Gracias por estos 15 años que nos has dado.