César Iglesias: “En celanova la gente es muy acogedora, pero hoy hay menos vitalidad"

Coincidiendo con las bodas de oro sacerdotales, los vecinos han organizado un homenaje al párroco de San Rosendo de Celanova. 

El párroco celanovés César Iglesias.
El párroco celanovés César Iglesias.
César Iglesias: “En celanova la gente es muy acogedora, pero hoy hay menos vitalidad"

 El 2 de octubre de 1972 llegaba a Celanova para hacerse cargo de la actividad pastoral César Iglesias, junto con su hermano Manuel. Coincidiendo con las bodas de oro sacerdotales, los vecinos han organizado un homenaje al "páter", con la correspondiente comida de confraternización.

¿Se esperaba este reconocimiento?
En esta ocasión no me lo esperaba, porque ya lo tuve con motivo del nombramiento, junto con mi hermano, de hijo adoptivo y la dedicación de la calle. Pero lógicamente estoy contento, porque es un reconocimiento a algo de lo que uno pretendió hacer con ellos, porque si la parroquia no se involucra, no se puede hacer nada.

¿Recuerda su llegada a Celanova?
Llevaba cinco años en Entrimo cuando el obispo llamó a mi hermano Manuel para que viniera a Celanova y yo con él, claro. El recibimiento fue muy bueno. A mi hermano ya lo conocían, la gente aquí es muy acogedora y enseguida nos pusieron al día de todo. Aquella Celanova tenía mucha más vida, más gente, sobretodo niños y jóvenes, que daban vitalidad. Económicamente también estaba mejor porque Celanova vive de su comarca y, en 20 años, ha perdido el 30% de su población.

¿Qué papel jugo su hermano Manuel, fallecido en 1994, en su vida y en su vocación?
Para mi fue fundamental. Con él empecé en Entrimo y nos vino muy bien porque allí, donde llegué con otros dos amigos del seminario, maduramos. En la vocación influyó que mis padres eran profundamente cristianos y les agradaba que sus hijos también lo fueran. La influencia familiar y el papel de los educadores en el seminario, fue importante. En uno  brota algo, pero la vocación se va descubriendo poco a poco.

Su labor en Celanova ha ido más allá de lo pastoral.
Nosotros no quisimos quedarnos solo en la cuestión religiosa, sino involucrarnos en cuestiones que eran buenas para la parroquia, comunicarnos con la gente,... De ahí la creación de la agrupación juvenil Solpor allá por 1972 y todo lo que vino después: la filarmónica y el cineclub, la coral polifónica, el grupo folclórico, el de teatro, el coro juvenil... No puedo olvidar los campamentos que durante 37 años permitieron que muchos niños de Celanova disfrutasen de unos días de playa. Todo eso era y es para conectar con la gente, para que sepan que estamos aquí para servir y, a partir de ahí, se puede llegar a ellos y a hacer apostolado. 

¿Cómo es el trabajo de Cáritas?
Cuando llegamos ya estaba establecido dar una cesta por Navidad a los pobres, algo que mantuvimos y aumentamos con dos cestas e incluso dinero. Antes y ahora quizá más, porque lo hacemos a nivel arciprestazgo. El año pasado repartimos 10.800 euros entre las familias de lo que se recauda en la misa del primer domingo de mes. Esto ahora está complicadísimo, hay mucha necesidad. Como dice el Papa Francisco, la iglesia tiene que ser pobre para servir a los pobres.

¿Cuál ha sido para usted el momento más especial?
Uno de los más emotivos fue la misión que llevamos a cabo en 1996, con una implicación muy grande por parte del pueblo. También los años jubilares de San Rosendo, el milenario en 1977, pero sobre todo el 1.100 aniversario de su nacimiento en 2006 que permitió la peregrinación a Celanova de más de 200.000 personas. Aquello sirvió para dar a conocer Celanova y San Rosendo y también fue el fruto de la Cofradía y la Academia Auriense-Mindoniense. Una satisfacción enorme ha sido también ver los trabajos de rehabilitación del templo (coros, retablos, sacristías, órgano, iluminación,...) con la colaboración de instituciones y vecinos. Me queda la pena no cambiar el piso, hacer el drenaje y poner piedra, pero son otros tiempos...

¿Y el más duro?
Para mi, la muerte de Adolfo Enríquez (cura de Vilanova asesinado en 2015) ha sido lo más duro que he vivido. Era un amigo, lo quería en cantidad y su muerte fue un golpe terrible. Era un hombre siempre disponible, dedicado a los demás, bien preparado, un hombre de paz, tranquilo. Un don de Dios para esta comarca y espero que desde el cielo pida por nosotros. n