CRÓNICA

¿Nos damos una Vuelta?

Las cunetas de la carreteras provinciales volvieron a llenarse de aficionados de toda condición y edad para disfrutar de la fiesta del ciclismo

El público anima a Damien Howson, del Mitchelton, en una de las curvas finales en Luintra.
El público anima a Damien Howson, del Mitchelton, en una de las curvas finales en Luintra.
¿Nos damos una Vuelta?

Como niños con zapatos nuevos. Así estaba ayer el personal en Luintra. Quién diría que la localidad ourensana disfrutaba de La Vuelta por tercera vez desde 2014. Cierto es que la magia de la denominada serpiente multicolor y el "circo" que mueve provoca el rebufo suficiente para que todo el mundo coja su rueda pero a estas alturas de la película ya nadie pone en duda el idilio de la provincia de Ourense, y en particular de la Ribeira Sacra, con la ronda ciclista.

Por edades o aficiones, por muy dispares que fueran, nadie se perdió la etapa. Desde los más jóvenes, los que disfrutan de los grandes eventos deportivos -La Vuelta es uno de ellos- por tablets, hasta los que en alguna ocasión han seguido desde la carretera a nuestro Raúl Rey.

Desde los más futboleros hasta aquellos que se sienten partícipes y protagonistas de un deporte que enamora. Obligatorio para todos acudir a la undécima etapa, porque en la línea de meta se pasaba lista.

Unos con total comodidad: algún paisano sacó la silla al balcón porque la carrera pasaba justo por debajo de casa. ¡Así mola más! Y otros permitiendo que el de al lado invadiera su burbujita personal: con tal cantidad de público en las cunetas era lo normal. Pero todo el mundo saboreó el evento.

La gente se sintió ayer más ciclista que nunca. En Luintra no descargó el chaparrón vivido a cinco kilómetros de meta pero algunas gotas de lluvia se hicieron sentir. Antes, calor, mucho calor, tanto el meteorológico como el ambiental, ese que envuelve a un evento que supera barreras.

Vilavella, A Gudiña, Viana do Bolo, Trives, Castro Caldelas, Parada de Sil y el colofón, en Luintra. Antes con el poder de los jóvenes ciclistas, los combatientes en La Vuelta Júnior, arrancando los primeros aplausos del respetable. Después con los profesionales, los que hacen de La Vuelta una de las grandes del ciclismo internacional. Ovaciones repartidas. Por supuesto para el italiano De Marchi, el ganador en la Ribeira Sacra, y todavía mayor para Alejandro Valverde. Imposible que el incombustible del pelotón internacional se decida a aparcar la bicicleta. Fuerzas ha demostrado que aún le sobran, y lo del cariño de la gente es innegociable, lo siente allí por donde pasa. Y también para algún ex. Óscar Pereiro, el embajador de La Vuelta 2018, continúa teniendo mucho tirón. Algún otro exprofesional se dejó ver por la zona. Otro gallego, Ezequiel Mosquera.

La conexión colombiana tampoco faltó en Luintra. Nunca falla. Hace dos años disfrutó con Darwin Atapuma, el entonces líder de aquella Vuelta 2016, y ayer los aficionados cafeteros estuvieron a punto de saborear una victoria de etapa. A Jhonatan Restrepo solo le superó la exigencia de la jornada rompepiernas en la que se convirtió la cita, así como De Marchi. El ciclismo colombiano está viviendo un nuevo resurgir: Nairo Quintana lucha por la general de las grandes rondas y por detrás otros buscan ser protagonistas. También es tiempo de los Rigoberto Urán, Miguel Ángel "Supermán" López o el citado Restrepo. Radio Caracol es una de las fijas entre los medios que forman parte de la prueba. Las camisetas amarillas siempre se hacen visibles allá donde hay deporte colombiano.


El poder local


El ciclismo ourensano también se dejó ver. Maillots reconocibles por la zona de meta, sobre todo del Club Ciclista Maceda y del Burgas Bike Team.

También alguno de los valores actuales, en su caso del mountain bike. Pablo Rodríguez prefería haber estado en la localidad suiza de Lenzerheide, sede estos días del Mundial de btt, pero ha llegado su momento de frenar un momento para luego acelerar más que nunca.

La Vuelta es de la Ribeira Sacra y Luintra, La Vuelta es de Ourense.