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Otra oportunidad para soñar

El ascenso de la UD Ourense vuelve a confirmar que la afición y los clubes están muy por encima del apoyo que reciben

La grada de O Carballo totalmente llena de aficionados de la UD Ourense.
La grada de O Carballo totalmente llena de aficionados de la UD Ourense.
Otra oportunidad para soñar

Los que fueron ayer a Atios simbolizaron el mérito de los que han estado apoyando hasta ahora. Los que empezaron en Tercera Autonómica y justificaron el esfuerzo de quién creyó desde el principio en un proyecto reivindicativo. Ahora somos muchos los que nos subimos a un carro que viene en marcha, pero el reconocimiento es para los que lo empezaron. Pase lo que pase ya habrá merecido la pena, aunque cuesta imaginarse un futuro a corto plazo que no sea ilusionante.

La familia Currás, la Dacosta, la directiva de grada y sin corbatas, los colaboradores que han empapelado cafeterías y locales y los jugadores que arrancaron en los campos más escondidos de la provincial. Los que llegaron hasta aquí y lo que estuvieron en algún momento sumando granitos que ahora parecen montones.

Lo que pase de aquí es otra historia. Más fácil porque lo que viene detrás hará mucho más ruido, pero con la sensación de que se puede tocar techo demasiado rápido si no se valora lo conseguido. Si no se permite desplegar las alas al proyecto o incluso se vuelven a sumar ciegos y complices silenciosos impidieron que siquiera se intente.

La UD Ourense estará la próxima temporada en Tercera División y la grada sueña despierta con metas ambiciosos y ascensos todavía más rimbombantes. Como cualquier otra. Porque en Ourense la gente respira, siente y sufre igual que las demás. 

Mientras, los que hacen las cuentas y rascan cada euro seguirán teniendo el mismo miedo y las mismas dudas que cuando esos verdugos enterraron al club que sí nos unía a todos sin distinción. Los mismo que volveremos a encariñarnos hasta la entrañas con este proyecto a poco que nos demuestren que no hay porque tener miedo. Que se puede jugar en igualdad de condiciones que lo hacen en Lugo, en Santiago o en Pontevedra. Ourense ha demostrado, desde la pasión de héroes casi anónimos, que hay tanta o más ilusión que en otras cuidades. Que a poco que se apoye, el deporte resurge con fuerza. Lo grave es que, después de las fechorías que se han hecho, todavía podamos tener miedo de que se puedan volver a repetir. Que, como pasó con Club Deportivo Ourense o con el COB, ahora condenen a la UD Ourense a ser la pasión de muchos en vez de la ilusión de todos. Ourense vuelve a tener la palabra. Bueno, no toda. Por desgracia, no serán los muchos los que decidan, sino unos pocos. Toca confiar en que se juzgue con la cabeza y no con el estómago. Con ganas de empujar hacia adelante en vez de hacia abajo. Quiero volver a creer, aunque nos hayan demostrado demasiadas veces que no todos son de fiar.