FÚTBOL

Un Ángel con médico de guardia

La médica María José Fernández se reencontró con el jugador del Seixalbo "Pato" al que socorrió hace 10 meses tras sufrir una rotura de tibia y peroné

 

Ángel, jugador del Seixalbo, y María José Fernández, doctora.
Ángel, jugador del Seixalbo, y María José Fernández, doctora.
Un Ángel con médico de guardia

A Ángel García lo conocen en el fútbol local por "Pato". Ahora juega en el Seixalbo, en Segunda Galicia, y en la última jornada de 2017 disputó sus primeros minutos de la temporada. Llevaba diez meses sin jugar.

"Recuerdo que encaré al portero y que se me enganchó la pierna. Después solo sentí un dolor enorme y cuando miré tenía la pierna colgando", recuerda. Tenía fractura de tibia y peroné.

"Sería instinto maternal o ética médica. Algo nos dijo que debíamos ir a ver que pasaba" ("Che")

 

A María José Fernández todo el mundo le llama "Che" en el centro de salud Nóvoa Santos, donde ejerce como médica de familia. En el momento de la lesión de "Pato" estaba con su hermana en una cafetería cerca al campo de Oira: "Escuchamos ruido en el campo y mucho revuelo en la grada. Fuimos a ver que pasaba y al acercarnos ya nos dimos cuenta. La gente estaba muy asustada. Supongo que fue instinto maternal (sus dos hijos juegan en el Velle) o ética médica, pero algo nos dijo que debíamos ir".

María José tranquilizó al jugador y su hermana fue al coche a por el botiquín para intentar calmar un dolor que "Pato" sitúa en segundo plano. Lo que todavía lo estremece es recordar "el miedo. Sobre todo al ver la pierna colgando. No me desmayé de milagro. Me tumbé de lado sin querer ni mirar. Todo el mundo estaba por allí sin saber qué hacer". Hasta que llegó "Che".

Su familia, en la grada

"Pato" ha jugado en el Pabellón, en el Polígono en varias etapas, media temporada en el Barbadás o el Paderne. Empezó con 10 años y ahora tiene 24, pero el de ese día era el primer partido en el que estaba su madre en el campo.

"Nunca viene porque vive en Madrid, y justo ese día estaba en la grada. ¡Y mira! No iban ni cinco minutos de partido". Pero quién más le preocupaba era otro familiar: "Mi abuelo va siempre, a todos los partidos. Es ya una persona mayor y me daba miedo que le pudiese pasar algo".

Fueron solo 20 minutos. Para "Pato", interminables. La ambulancia no llegaba y hasta que lo hizo su Ángel de la Guarda, nadie sabía qué hacer.

"No me desmayé de milagro. Me tumbé de lado y no quise ni mirar. Tenia la pierna colgando", ("Pato")

 

"Entonces estaba trabajando en el PAC y llamé para preguntar por la ambulancia, porque tardaba demasiado e intenté agilizarlo todo lo que pude. Se habían confundido de campo y estaban en Os Remedios", recuerda "Che". 

Cuando llegó fue todo muy rápido: "Le inmovilizamos la pierna con una prótesis de aire y lo acompañamos en la ambulancia. Es algo muy doloroso, pero era muy sencillo. Lo más importante era tranquilizarlo".

Hasta ayer por la tarde, cuando los citó La Región, recordaban  la historia, pero no sus caras. Solo se habían visto durante diez minutos inolvidables. Mañana volverán a coincidir en un campo de fútbol, pero esta vez para ponerle el final a una historia de mala suerte y de instinto profesional.