Los mercados ya no obedecen a la macro

En 2018 se demostró que yendo bien la economía real los mercados financieros cerraron en negativo. Y ahora, en 2019, cuando la macroeconomía flojea, los mercados repuntan y los inversores ganan dinero.

Los mercados ya no obedecen a la macro

Si ya resultaba difícil explicar en 2018 cómo era posible que la economía real fuese razonablemente bien y las inversiones mal, en casi todo tipo de activos financieros, ahora aún cuesta más comprender la compatibilidad de malos datos macroeconómicos con buenos resultados en los mercados financieros. Pero es lo que hay. 

Inversores que en 2018 perdieron hasta la camisa –la mayoría– ahora ganan dinero; máxime en aquellos casos en los que tomaron riesgos en renta variable y otros productos de mayor riesgo, como derivados o estructurados.

A estas alturas, ni los bancos ni las gestoras se fijan solo en lo que ven; es decir, no solo valoran los resultados de las empresas y la evolución del déficit y de la deuda de los estados. La geopolítica y la geoestrategia se convierten así en herramientas básicas para los inversores, que en general se ven dominados por lo desconocido.

La geopolítica es un método de estudio de la política exterior para entender, explicar y predecir el comportamiento político internacional a través de variables geográficas, mientras que la geoestrategia es un subcampo de la geopolítica que trata de estudiar y relacionar problemas estratégicos militares con factores geográficos. Como primer vector resultante de ese análisis, los mercados financieros están dominados por lo desconocido, nebulosa en la que se mezclan el alcance de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, el cierre del Brexit y la incertidumbre que rodea la política en la eurozona. Hay más factores –los populismos, Venezuela, Turquía, Siria, Irán, etcétera– pero lo sustantivo se juega entre los dos gigantes mundiales.

Un dato positivo, que despejaría tanta incertidumbre, sería el pronóstico que acaba de hacer el Wall Street Journal, al dar por factible un nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos y China el 27 de marzo. Pero aunque así fuese, al menos desde Europa no habría que cantar victoria, ya que tras la ronda de  negociación con Beijing, Donald Trump quiere vérselas con Bruselas. Por eso hay tanta inquietud en la automoción alemana y en las energéticas que deben reducir sus emisiones.

Otra fecha clave es el 12 de marzo, este martes, ya que el Parlamento británico someterá por segunda vez a votación el acuerdo del Brexit, según se comprometió la primera ministra, Theresa May. Si es derrotada, pedirá a la cámara que se pronuncie sobre la posibilidad de solicitar una prórroga de la fecha de salida de la UE, prevista para el 29 de marzo. Todo un embrollo político y económico ante el que esta vez no hay pronóstico del Wall Street Journal. Todos los escenarios están sobre la mesa y no en todos ellos prevalece el sentido común.

En la eurozona, el tercer factor de incertidumbre, el centro de atención está más en el Banco Central Europeo que en las instituciones políticas, a la espera de las elecciones de mayo. Y su presidente, Mario Draghi, reaccionó ante quienes le acusaban de mostrarse impasible frente al deterioro de la coyuntura europea. El financiero italiano se movió por partida doble. Por un lado, hizo oficial el aplazamiento de la subida de tipos de interés, y por otro, anunció otra ronda de liquidez, la tercera en poco tiempo, condicionada a que el crédito fluya y la banca atienda las necesidades de empresas y familias. De momento, ni la banca ni los ahorradores ganarán dinero a cuenta de los intereses. 

@J_L_Gomez