ECONOMÍA

Venezuela, demasiado rica para ser pobre

Estados Unidos abandera el cambio político en Venezuela, lo cual puede ser bueno para recuperar la democracia pero también para sus intereses económicos y políticos. España, titubeante, queda tocada.

Pancarta de una protesta contra Maduro.
Pancarta de una protesta contra Maduro.
Venezuela, demasiado rica para ser pobre

Venezuela no es un país cualquiera en el mundo. Fue durante años uno de los estados más avanzados de América, disfrutó de una democracia homologable a las europeas desde finales de los años 50 –España era entonces una dictadura– y, por si fuese poco, atesora las mayores reservas de petróleo, además de ser un destacado productor de oro y diamantes. De hecho, según la Agencia Central de Inteligencia estadounidense, Venezuela tiene la mayor estimación de reservas de petróleo probadas del mundo –más incluso que Arabia Saudí– y en el llamado Arco Minero se concentran grandes reservas de oro, diamantes y mineral como el coltán.

Los gallegos que en los años 50 y 60 tenían dificultades aquí no tardaron en conquistar su particular El Dorado en Venezuela, unos en la capital, Caracas, y otros en Maracaibo, más cerca del petróleo.

Visto con perspectiva parece una anomalía histórica que un país así, tan rico y con gente bien formada, se convierta –de nuevo– en una dictadura o incluso en una democracia de baja calidad donde se pasa hambre. Por muy mal que esté ahora Venezuela, tiene potencial de recuperación.

La deriva del chavismo, especialmente en la etapa decadente de Nicolás Maduro, convirtió Venezuela en uno de los países más violentos y pobres del mundo, lo cual no parece sostenible en el tiempo. Su hiperinflación, el desabastecimiento, la miseria y la falta de libertades y de horizontes democráticos llevaron a millones de venezolanos a emigrar, de modo que un país de acogida y oportunidades se convirtió en un estado insufrible, que en algún momento debe cambiar. El fracaso del populismo es evidente, lo cual no debe confundirse con que no tenga apoyos internos y externos, que los tiene.

Todo parece indicar ahora que la comunidad internacional democrática contribuirá a favorecer el cambio en Venezuela, de modo que haya elecciones libres con la participación de todos, como en los buenos tiempos de la socialdemócrata Acción Democrática y del democristiano COPEI, que convivían en la Asamblea Nacional con la izquierda del Movimiento al Socialismo (MAS). Eso sí, sin tanta corrupción como entonces, lo cual estuvo en el origen del chavismo.

¿Por qué este cambio ahora y no antes, si Venezuela lleva ya unos veinte años bajo el chavismo? Hay razones puramente políticas –la pérdida de apoyos del populismo– pero, sobre todo, económicas.

Venezuela no es Cuba pero se le parece cada vez más, desde el punto de vista de su organización económica y política. Dicho en términos coloquiales, si nada cambia Venezuela se convertirá en un país con escasa economía de mercado, prácticamente ajeno a la democracia occidental. Es en este contexto en el que se explica la reacción de Estados Unidos, su principal cliente.

Además de los intereses de la gente, están los intereses de los estados. Y una Venezuela más parecida a Cuba que a Colombia o Chile no le interesa a casi nadie en el mundo, salvo a Rusia y a China. Como suele ser habitual, el primer paso lo ha dado Estados Unidos, de la mano de muchos de sus aliados en América Latina, encabezados por Brasil, Colombia, Argentina y Chile. Con México y la Unión Europea –España incluida– titubeando, y con Rusia y China al lado del chavismo.

Los estados dicen que actúan en defensa de la democracia y está bien que lo hagan pero, en el fondo, defienden sus intereses económicos. También en Venezuela.

@J_L_Gomez