ECONOMÍA

Verdades y mentiras sobre los impuestos

Hay margen para subir los impuestos en España, si se quiere alcanzar la media de la eurozona, pero antes se supone que habrá que cambiar el modelo productivo –y empresarial– y la estructura salarial.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero.
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero.
Verdades y mentiras sobre los impuestos

La idea de fondo del Gobierno de Pedro Sánchez, encaminada a conseguir un Estado con una presión fiscal similar a la europea –España está a 7 puntos de la media de la eurozona–, puede tener su lógica política, económica y social, pero exige reformas económicas y un consenso básico, no solo una mayoría parlamentaria.

Es verdad que en Francia el Estado recauda mucho más que en España, en porcentaje sobre el PIB, lo mismo que sucede en Alemania, aunque a menor escala, pero eso es algo que sucede gobierne quien gobierne, con ligeros retoques. Es decir, en las grandes potencias de la zona euro hay un amplio consenso sobre la dimensión que debe tener el Estado y cuáles deben ser las prestaciones del Estado del bienestar.

Hay consenso para lo bueno y para lo malo, de modo que se gasta mucho más que en España pero también se ingresa mucho más, ya que las cuentas suelen estar equilibradas, de ahí su menor déficit público y, sobre todo, sus menores oscilaciones en esta materia.

Los grandes partidos conservadores, democristianos, liberales y socialdemócratas asumen esos postulados, de modo que cuando se alternan en el gobierno no juegan con las cosas de comer. No es éste el caso de España, donde el PP y el PSOE no comparten los mismos criterios. Y ahora menos.

Los gobiernos del PSOE fueron incrementando la presión fiscal -algo comprensible en un país que precisaba europeizarse- pero nunca llegaron a los niveles de Francia, ni siquiera de Alemania. El PP no fue un abanderado de este tipo de política expansiva pero tampoco la dinamitó una vez en el Gobierno. Una cosa era lo que decía en los mítines y otra lo que hacía en Hacienda.

Como resultado de todo ello, la presión fiscal en España, medida como porcentaje del PIB, es ligeramente superior al 34%, mientras que en Alemania supera el 40% y en Francia roza el 50%. La media de la eurozona está en el 41,3%. Son datos que permiten ver hasta qué punto España tiene un Estado mucho más débil que Alemania o Francia y hasta qué punto hay margen para subir impuestos. Pero dicho así sería una simplificación.

Para tener la dimensión fiscal de la eurozona España precisaría tener antes un modelo de economía productiva -y empresarial– que no tiene y, en consecuencia, una estructura salarial de la que carece. Un cambio de ese calado, sin duda saludable, exige mucho esfuerzo previo y el consiguiente consenso político.

La audacia -¿o frivolidad?- de la ministra de Hacienda en este contexto no parece solvente, porque si bien tiene razón en algunas cosas que dice se olvida de que España -y no digamos su tierra, Andalucía- están a mucha distancia de Alemania y Francia. Como lo está Portugal, cuya presión fiscal es ligeramente superior a la española. Si fuese tan fácil, cualquier país pondría su presión fiscal en el 50% y todos tan felices. Pero de donde no hay no se puede sacar.

Más razonable -y realista- parece la estrategia del Gobierno socialista encaminada a recuperar el impuesto de Sociedades, que en la crisis cayó a la mitad. Como ahora se recuperó el nivel de PIB de 2008 hay margen para que ese impuesto no dé menos de sí que en aquella época. De hecho, se espera un crecimiento del impuesto de Sociedades del 14,1% y un aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social de un 7,5%, además de un sobrecoste en la franja salarial más baja por la elevación del salario mínimo.

@J_L_Gomez