ENTROIDO

Adivina, adivinanza

¡Entroidízate! Vive a tope con La Región este carnaval y llévate la careta de Puiddemont. Al fin y al cabo la vida, se mire por donde se mire, no es más que una comparsa…

La careta de Puigdemont.
La careta de Puigdemont.
Adivina, adivinanza

Es un pájaro? ¿Es un avión?... ¡No, es “Superaviopájaro”! Un pájaro de cuenta. Más rápido que una bala, más potente que una locomotora, capaz de levantar un camión y hasta una República en el aire. Fuerza descomunal, visión de rayos X, jeta de hormigón armado. La destrucción de su mundo lo trajo al nuestro y ahora quiere desbaratar nuestra metrópoli. La kriptonita que lo hace palidecer y ensombrece sus poderes se llama juez Llarena. 

¿O acaso es un arlequín funambulesco? ¿Un polichinela? ¿Un Juan Tamariz de la vida? Astuto e ingenuo, cruel y desternillante, brutal y carnavalesco; capaz de auto desterrarse en otro país, o de auto secuestrarse en el maletero de un utilitario. Mascarada total, sueño delirante, fantasía animada. Pasen, pasen y lean: 

No se “enfarela” (“enfariña” es otra cosa) aunque su familia es pastelera. 

No se disfraza, aunque lleva por montera la “mulida de un boi negro”.

No se maquilla, construye a otra persona: él es el que no es: un “valent”. “A més a més és un pròfug y un cagat”, hiperventilando con la cantaleta de que lo quieren mandar al otro barrio... No nos caerá esa breva. 

Vive en modo show todos los días: sin sentido del ridículo, ni sentido del humor, ni sentido común, ni sentido de la realidad, ni sentido de la rotación de la Tierra; titiritero, saltimbanqui, trapecista, payaso, bufón, contorsionista… “¡ladies and gentleman” comienza el espectáculo: “le cirque du Soleil” es de Girona, y lo lleva un solo gilipollas! 

Legítimo pero ilegal. Presidente a la fuga y presidiario en ciernes. Fraguador de intrigas. Tejedor de una maraña de patrañas que nos tienen a todos entre el rubor y la risa. Retuerce la realidad a su antojo, pero no da el brazo a torcer aunque le retuerzan los huevos. 

Político telemático, pretende dirigir de manera telepática un país cibernético. Sin embargo es incapaz de utilizar el “mancontro” para parlamentar con Torrent, el brazo tonto del Parlament, el Trapero bis, el mosso del vis a vis. 

Políglota monotemático -antes cambia de corte de pelo que de rollo-: matraca, carraca, tabarra, telenovela y culebrón secesionista; no se calla ni debajo del agua este hijo de mil pares de pirolas. 

Erasmus cinco estrellas: de la “Grand place” al “Manneken pis”, de la ópera a los “moules avec frites”. Habita en Bruselas pero vive en la inopia. Más falso que su alter ego en la escenificación del “relat”: Destruyó las instituciones sin tener preparada una alternativa, proclamó una República que ni él mismo reconoce y que duró lo que la cuenta regresiva de un misil, y como tal salió disparado sin dar más explicaciones que sus paridas. 

Flautista de Hamelín –un tonto coge un camino, el camino se acaba y el tonto sigue- que en vez de ahogar a las ratas despeñará a sus seguidores por el “precipici”; y sigue y sigue, y se detendrán los que le siguen y el tonto seguirá su marcha. Un tonto destruye un pueblo, pero éste ya se ha pasado diecisiete Autonomías. 

Yonqui de la posverdad, la droga dura de esta década. Español hasta la médula, porque habla mal de España como nadie, aunque bese su bandera. Encantador de subnormales - stultorum infinitus est numerus- que aplauden su huida hacia ninguna parte. Chapo hispano, sin “seny, pit ni collons” (sensatez, fuerza ni cojones) que terminará entregándose a sí mismo. Tahúr del despiste, que lo único que le queda de decente son las trampas; que anda de la ceca a la meca vilipendiando nuestras instituciones hasta que el sudor de su trajín, al enfriarse, le deje una pulmonía doble que tendrá que curar a la sombra. 

La imbecilidad es tendencia y todo idiota tiene derecho a un minuto de gloria, pero éste se la pasa entre carpas, platós, focos, purpurina, y mofa. No habrá aplausos en la última función, solo luces apagadas y chirrido de cerrojos. 

Y colorín colorado este relato se ha acabado. Me imagino que ya sabéis de quién se trata. Si no es así, adivina adivinanza: lerdo parece, cuerdo no es, y el que no lo adivine, es más tonto que él.

¡Entroidízate! Vive a tope con La Región este carnaval y llévate su careta. Al fin y al cabo la vida, se mire por donde se mire, no es más que una comparsa…