ÁGORA ECONÓMICA

La alternativa de "destopar" las cotizaciones sociales

Desde hace varias décadas hay un problema que ningún ejecutivo se ha atrevido a solucionar por completo: garantizar la viabilidad financiera de nuestro sistema de pensiones de jubilación a largo plazo. Reformar el sistema de pensiones por jubilación es algo impopular y se nota. Sin embargo, la salud financiera de nuestro sistema de pensiones, lejos de mejorar, sigue necesitando profundas reformas.

La alternativa de "destopar" las cotizaciones sociales

Y es que su actual funcionamiento se basa en un sistema donde el mercado de trabajo garantizaba unas cotizaciones que permitían el pago de las pensiones a los jubilados, gracias a un sistema de reparto intergeneracional. Sin embargo, nuestro mercado de trabajo, cada vez más flexible por el lado de los trabajadores, es incapaz de garantizar las cotizaciones que aguanten las necesidades de nuestros pensionistas. Se crea empleo, pero las cotizaciones ingresadas no son suficientes para pagar el gasto de las pensiones por jubilación.

Nuestro sistema de pensiones de jubilación es de naturaleza contributiva, pero también de reparto, con una importante componente redistributiva. Y poder resolver la ecuación de nuestro sistema de financiación de pensiones con estas dos restricciones no es nada sencillo.

Recientemente se ha planteado la posibilidad de “destopar” las cotizaciones sociales, esto es, no acotar el máximo de aportación a un tope máximo, como ocurre en la actualidad. En 2018, la base máxima de cotización es de 3.751,2 euros, por lo que aun cobrando más que la anterior cantidad, se cotizaría por ese tope máximo.


VENTAJAS E INCONVENIENTES


Ahora bien ¿Cuáles son los efectos positivos y negativos del destope de las cotizaciones? ¿Es una solución adecuada para garantizar una mejor salud financiera de nuestro sistema? Para analizar todas estas cuestiones hay que señalar, adecuadamente y con objetividad, los potenciales efectos de esta medida.

Con el destope de las cotizaciones sociales se consigue introducir mayores dosis de progresividad al sistema de aportaciones. Pensemos como funciona el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) para explicar lo anterior. En el IRPF en función de la capacidad económica del contribuyente, aproximada por la cuantía de la base liquidable, el sujeto pasivo paga una cantidad, sin ningún límite máximo, ya que lo que supera el último tramo de la tarifa, va al tipo marginal. No sucede lo mismo con las cotizaciones sociales, gracias a la operatividad del tope máximo. Esto significa que a partir de cierta cantidad hay un importe exento de cotización, que beneficia a aquellos contribuyentes que obtienen más renta y tienen una base reguladora mayor.

Si se elimina el tope de cotizaciones se conseguiría aumentar la recaudación por las cotizaciones sociales, lo que redundaría en una mayor disponibilidad de recursos públicos para el pago de las pensiones. Ahora bien, habría que determinar el volumen de ingresos adicionales para conocer la incidencia real de esta medida, cuestión que no tendría que ser excesivamente compleja al contar con datos laborales y fiscales. Este sería un buen punto de partida para cuantificar el efecto sobre la recaudación del destope de las cotizaciones.

El destope implicaría mayores pagos por parte de las empresas y los trabajadores ya que, al eliminar esa cota máxima, verían reducida su renta disponible, al tener que contribuir más. Esto supondría gravar aún más las rentas salariales, una partida que ya soporta un amplio gravamen, tanto en el IRPF como por la vía de las cotizaciones sociales. Por lo tanto, el destope de las cotizaciones sociales podría implicar un lastre a la recuperación del empleo, ya que se encarece el factor trabajo. Es más, como la demanda de trabajo es mucho menos flexible que la oferta de trabajo, el efecto final podría perjudicar especialmente a los trabajadores.

Además, quedaría por determinar si el destope de las cotizaciones sociales se traduciría en mayores pensiones para los trabajadores que ahora pagarían más vía cotizaciones sociales. Esto es ¿El destope de las cotizaciones iría acompañado del destope de las pensiones? 

Como he señalado en alguna otra ocasión, sobre esta cuestión nada se ha dicho hasta el momento, cuando no es para nada baladí. Los trabajadores podrían aceptar de buena gana eliminar este tope máximo de cotización, si al jubilarse cobrasen una pensión mayor. Sin embargo, esto no solucionaría el problema de viabilidad financiera del sistema público de pensiones, ya que como señala tan acertadamente el sabio refranero español, el resultado podría ser “lo comido por lo servido”. Esto solo conseguiría retrasar el problema, ya que los mayores ingresos se utilizarían para pagar las pensiones futuras, suponiendo que todos los que aportan en la actualidad serían pensionistas futuros. Los resultados de ser así, serían bastante discretos: Eso sí, durante algunos años se generarían intereses que podrían ser utilizados para sufragar otros gastos o para acumular fondos ante posibles crisis de financiación.


EN RESUMEN


A modo de resumen, el destope de las cotizaciones puede suponer un globo de oxígeno para el funcionamiento del sistema de pensiones por jubilación, sobre todo en un escenario donde el nuevo ejecutivo estatal quiere destinar más gasto público, pero no va ser, ni de lejos, la solución a las importantes dificultades de financiación de nuestro sistema de pensiones de jubilación. Hay que ir más allá. 

Es preciso cuanto antes reformar el funcionamiento de nuestro sistema de pensiones de jubilación. Ya no podemos esperar más tiempo. Sé que no es una medida popular, pero nos va mucho en ello, sobre todo cuando teniendo en cuenta la pronta jubilación de la generación del baby-boom. En poco más de una década, se comenzará a jubilar la generación más numerosa de la reciente historia de España. Si a esto unimos la necesidad de mantener el poder adquisitivo de los pensionistas, el resultado es una “tormenta perfecta”.