CON PRIMA DE RIESGO

¿Cambio de paradigma en la vida política y económica de este país? O quizá todo siga igual

En Portugal y Bélgica el Gobierno no esta formado por el partido más votado

¿Cambio de paradigma en la vida política y económica de este país? O quizá todo siga igual

Adam Smith nos hablada de las ventajas de la mano invisible. Una metáfora donde defendía (en una interpretación libre) que las decisiones tomadas por la sociedad generaban beneficios sociales superiores  que las medidas de cada uno. O dicho de otra manera, el quehacer diario del conjunto genera mejores sinergias que las decisiones de unos pocos con capacidad de decisión, o sea de poder.

Aunque esta teórica ya tiene más de dos siglos, parece que de nuevo está en vigor, al menos en el mundo de la representación institucional. Entendiendo la representación institucional como los agentes sociales y políticos que rigen nuestras vidas.

En concreto, nos encontramos  en un nuevo paradigma político, importado de las viejas y veteranas naciones de la Europa continental: la plurirepresentación parlamentaria, es decir, que el poder se reparte entre muchos, y por lo tanto se exige la sagrada elección de las negociaciones interpartidos.

 Que, como hemos visto, los últimos años funciona: Rajoy gobernó en minoría y después una “amplia” coalición de partidos de izquierdas y de otras adscripciones, se unen para aprobar una moción de censura y colocar un nuevo inquilino en la Moncloa, Pedro Sánchez, algo que no se creen todavía ni en la vieja guardia del PSOE. Democracia se llama.

Como un buen guión de cine de  película de viajes por el espacio, “estamos en un territorio inexplorado”, o dicho de otra manera más “enxebre”, vamos viendo como va el tema; o usando el símil futbolero, “partido a partido”, nunca mejor dicho (perdón por el chascarrillo).

En este escenario surgen los acuerdos parlamentarios y los acuerdos de gobierno. Me atrevo a decir que si Adolfo Suárez volviera a la política, no entendería nada. Su centro social y político ahora lo ocupan todos y todos luchan por atraer a sus filas a la clase media, esa que ha sufrido la crisis y que ha visto cómo sus bienes hipotecados menguan en valor, y sus trabajos ya no existen o ya “son otra cosa”. 


TODA ORGANIZACIÓN CAMBIA


Ya ven el arco parlamentario ya no se conoce. Del color rojo y azul hemos pasado a una gama de colores, que no llega el arco iris para definir y distinguir. Además, cada vez más los partidos y sus portavoces se esfuerzan por marcar las diferencias que en algunos casos el ciudadano no es capaz de percibir. 

Decirles que de todo esto, me impresiona en el telediario la capacidad de sinónimos que se pueden usar para definir la palabra negociación, y siempre por el bien común. 

Unos partidos políticos, que cada vez menos, atraen a la gente a sus filas, véase las listas de afiliados, las cuales ante cualquier proceso electoral interno sufre del mal de ausencia. Eso sí, siempre queda la opción de acudir al simpatizante. 

Además del arco político observamos cómo se pone en tela de juicio dos  grandes entes de la sociedad y de la negociación social, los sindicatos y las organizaciones empresariales. 

La verdad es que las organizaciones gallegas de representación empresarial no están en sus mejores momentos, con una CEG (Confederación de Empresarios de Galicia), en estado de máxima dificultad y sus “hermanas” provinciales en un momento de expectativa. A ello, sumamos un mapa cameral en proceso de descomposición, con apuestas por cuál será la próxima Cámara de Comercio (industria y navegación) en cerrar sus puertas, o mejor dicho, en languidecer por los archivos de los juzgados, y de la memoria de empresarios, otrora con mayor compromiso social. 

En el caso sindical, la cuestión no mejora, quizá por la crisis, quizá por su mirada distante ante algunos problemas sociales, el resultado es una reducción del peso de la masa sindical, véase las  “manis” del uno de mayo, cuya cifra de asistentes mengua año a año. 

Como ven, el mundo evoluciona y a los grandes representantes institucionales les ha tocado su hora para llevar a cabo su adaptación al siglo donde no tienes afiliados o socios, si no seguidores o followers.

 Sin duda, la mano invisible del clásico economista está en vigor en una sociedad que vive el día a día alejado de los titulares de prensa.

Si permiten mi opinión, la mano invisible funciona. Recuerdo con nitidez meridiana mi infancia en el pueblo donde los vecinos se unían para recoger las cosechas de unos y de otros; y recuerdo con mayor nitidez cuando mi abuelo enfermó gravemente y los vecinos se turnaban para ayudar a cosechar las fincas. También recuerdo con nitidez meridiana cuando los bosques del pueblo ardían y a golpe de campana de iglesia todos acudían, como diría Castelao, labriegos, parroquianos o caciques, aunque nunca llegue a diferenciarles  a la hora de trabajar. Ya ven, la mano invisible es la que le tendemos al vecino. C´est la vie.