EMPRENDEDORES Y MARKETING

El caso del “tonto del pueblo” revisa las teorías sobre los ejemplos de éxito

Señalado por sus pautas ajenas a lo convencional, el “tonto del pueblo” analiza como caso de éxito

Las claves del éxito están en comporamientos poco convencionales
Las claves del éxito están en comporamientos poco convencionales
El caso del “tonto del pueblo” revisa las teorías sobre los ejemplos de éxito

Resulta que hace unos años, en un pueblo del norte de Navarra, había un chico del que se reían todos sus habitantes por sus extravagancias y por sus salidas de tono, tanto al hablar como al realizar algunas conductas que llamaban la atención. La verdad es que ya entonces tenía el sobrenombre de “el tonto del pueblo”. Probablemente, hoy en día todos lo denominaríamos como un “friki”.
Ese chico fue creciendo, hasta que se convirtió en joven. Y este joven un día se planteó algo que hasta entonces nadie se había planteado: “¿por qué van todos iguales?”. La verdad es que me da la sensación de que a muchas personas no se les hubiera ocurrido nunca plantearse esa pregunta. Y también es cierto que puede que otras personas se hubieran planteado  ese  mismo interrogante, pero fue este joven el único que creyó en esa intuición y se puso a trabajar en la línea de hacer algo distinto. 


Este joven, hoy en día, es un caso de emprendedor de éxito, cuyo ejemplo se estudia en algunas de las mejores escuelas de negocio del país en las que intentan desentrañar los misterios y las claves de sus triunfos. Pues bien, esta historia que acabo de compartir con vosotros, y que me contaron en primera persona en ese pueblo de Navarra al que tantas veces fui en mi vida, es el claro ejemplo de que para triunfar en el difícil reto que supone emprender entran en juego muchos factores. 


En primer lugar nos encontramos con que un emprendedor que quiera triunfar necesariamente tiene que ver la realidad desde un prisma distinto al habitual, porque solo realizando esa mirada diferente podremos encontrar y provocar respuestas distintas. No tendría ningún sentido proponer hacer las mismas cosas de la misma manera a como se están haciendo actualmente. 
En segundo lugar, me gusta mucho esta historia porque nos indica que la diferencia entre un emprendedor y un no-emprendedor no está en tener la idea, sino en tener el coraje o, incluso, la inconsciencia de poner en valor esa idea. Yo estoy convencido de que muchas personas antes que ese joven se plantearon esa misma pregunta que él se auto-cuestionó, pero solo él se atrevió a ejecutarla.


En tercer lugar esta historia nos tiene que servir para darnos cuenta de que aunque estemos trabajando en proyectos que hoy en día son ya un éxito, siempre pueden ser susceptibles de mejora, sin que ello afecte a la identidad de base de ese proyecto. Un proyecto no es bueno de manera perenne porque sí, sino porque efectuemos los cambios y las mejoras necesarias para que siga teniendo ese rol.


Pero si por algo me encandiló esta historia es porque demuestra que no hay que ser el más inteligente o el más listo para poder emprender con éxito. Ni tampoco hay que tener una determinada personalidad para dedicarse a la emprendeduría. Tan solo en ocasiones lo único que hace falta es plantearse la realidad de una manera peculiar y realizar acciones peculiares. Esta historia nos indica que quizás debamos empezar a educar a nuestros niños y niñas en plantearse la realidad desde puntos de vista distintos y desde perspectivas que no se correspondan siempre con lo “normal”.


Así que hoy quiero sentirme “el tonto del pueblo” y decir que me encanta realizar mi trabajo desde ópticas distintas a lo habitual, me encanta desarrollar acciones que para el resto de la población podrían considerarse como locuras y extravagancias, disfruto diseñando y poniendo en valor mis ideas de manera “anormal”. 


Como buen “tonto del pueblo” he aprendido que el camino más sencillo, el más simple, suele ser el que te lleva antes a las mejores soluciones, a esas soluciones viables y posibles. Como buen “tonto del pueblo” hace tiempo que me di cuenta de que lo divertido está en hacer, y no en mirar cómo lo hacen los demás. Como buen “tonto del pueblo” me di cuenta que quizás el tonto es el que teniendo una idea nunca tuvo el coraje de plasmarlo en la realidad. 
¿De verdad no quieres ser “el tonto del pueblo?”