ÁGORA ECONÓMICA

Las claves del potencial agrícola y ganadero en Galicia

Uno de los objetivos de las actuaciones públicas es el desarrollo social y económico de los territorios. Esto se traduce en la necesidad de potenciar, desde la óptica pública, las ventajas de los diferentes sectores económicos y reducir las limitaciones y/o problemas que puedan aparecer.

Las claves del potencial agrícola y ganadero en Galicia

El peso de la ocupación en el sector primario, aunque se ha venido reduciendo en los últimos años, aún supone el 10% de todos los trabajadores en Galicia, aumentando al 15% en algunas provincias, como Ourense. 

A diferencia de la media nacional, que supone un porcentaje de población ocupada del 5% y del 3% del PIB, en Galicia, como se ha señalado, el peso del sector primario en materia laboral y económica es mucho más relevante. Nuestra Comunidad Autónoma ocupa el sexto lugar en el ranking de autonomías con mayor importancia del sector primario en relación al PIB, por encima de otras como Andalucía, con claramente mayor superficie territorial que Galicia.

Es evidente que el papel desempeñado por el sector agrario y ganadero en el medio rural ha permitido y sigue posibilitando sustentar una importante parte de la comunidad rural.  Además, ha conseguido, hasta cierto punto, mitigar el problema del despoblamiento del campo, fijando población en ciertas zonas. 

El espacio disponible en Galicia para el aprovechamiento agrícola supone algo más de la tercera parte del territorio, llegando a alcanzar en la provincia de Ourense el 40%. Además, cerca del 65% de las explotaciones se dedican a producir una amplia variedad de productos, el denominado policultivo, tanto para el consumo humano como para la alimentación de la cabaña ganadera. A pesar de que la diversidad de la producción es la opción predominante en el campo gallego, en los últimos años se ha optado por una mayor especialización productiva, aumentado paralelamente la calidad y el reconocimiento de los bienes producidos.

La existencia de importantes zonas forestales también aporta mucho a la economía rural. Alrededor de la tercera parte de los espacios destinados al cultivo conviven con explotaciones forestales, lo que garantiza un aprovechamiento mutuo de esta relación. Por lo tanto, no se puede entender a la agricultura y la ganadería en Galicia sin considerar el importante papel del monte, como fuente de recursos. 

Es evidente que la disponibilidad de tierras para el cultivo reduce la incidencia de los incendios, una de las lacras que viene sufriendo el monte gallego, puesto que, para el desarrollo agrícola y  ganadero, es necesario cuidar los espacios naturales. Es más, el cuidado de los montes favorece también el desarrollo turístico, ya que es un aliciente la actividad turística. Por lo tanto, y a tenor de lo expuesto, el sector agrícola y ganadero presenta un importante conjunto de efectos indirectos que deben tenerse muy en cuenta a la hora de apostar por la agricultura y ganadería. Todo cuenta y todo suma a la hora de defender la actividad agrícola y ganadera. Los efectos inducidos son muy importantes y deben ser tenidos en consideración a la hora de plantear políticas públicas en este campo.

PESO RELEVANTE

Como se ha señalado, en términos cualititativos y cuantitativos la actividad agraria y ganadera en Galicia es muy relevante, sobre todo en las provincias de Ourense y de Lugo, y todo esto a pesar de la reducción de peso de estas dos actividades en términos de empleo y de Valor Añadido Bruto durante las últimas cuatro décadas. Es más, a pesar de la pérdida de peso relativo, la agricultura y ganadería en Galicia aumentaron su aportación en valores absolutos. Así, en los últimos 40 años la producción económica del sector primario se cuadruplicó. A lo anterior hay que añadir el peso de la industria agroalimentaria, en la que Galicia lleva años siendo un referente a nivel nacional e internacional. 

Las cifras avalan la afirmación anterior. En nuestra Comunidad Autónoma esta industria supone el 7,6% del empleo y el 8% de todas las ventas del total nacional, con un volumen de ocupados superior a los 27.000 trabajadores. El volumen de las exportaciones gallegas de la industria agroalimentaria alcanza el 7% del total nacional. En la provincia ourensana, el ejemplo más conocido, aunque no es el único, es el de COREN, que exporta cada vez a un mayor número de países.

A pesar de esta evidencia y a las mejoras que ha sido capaz de introducir la actividad agrícola y ganadera en Galicia, es necesario seguir avanzando en este proceso, y que desde las administraciones públicas con responsabilidad en este campo se realice una apuesta decidida por mejorar su situación. 

No podemos obviar las limitaciones que durante muchos años ha sufrido nuestro sector primario por las políticas de contención de la producción europea, que han afectado a las cuotas de producción de leche o de vino, por poner algún ejemplo. Por otra parte, en un mundo cada vez más globalizado, la competencia, sobre todo en precios, es cada vez más dura, comprobándose un aumento de las importaciones de productos agrícolas que obliga a un mayor esfuerzo por parte de los productores gallegos. Nuestra producción agrícola y ganadera debe convivir con una oferta, en la mayor parte de las veces, con una calidad menor, pero con un precio más bajo, lo que dificulta su expansión. Así, durante los años de crisis el sector agrícola y ganadero gallego ha tenido que capear el temporal derivado de la menor renta de las familias, las mayores dificultades para la exportación de sus productos y una competencia cada vez más agresiva en precios.

Precisamente por todo lo señalado hay que analizar qué factores pueden mejorar la rentabilidad económica y social del sector agrícola y ganadero en Galicia, especialmente en aquellas provincias donde su peso es mayor. 

LA VARIABLE DEMOGRÁFICA

Además, hay que tener en cuenta el factor  demográfico, tan importante en Galicia, que condiciona el desarrollo y el futuro de las explotaciones agrícolas y ganaderas. Existe una fundada preocupación de cómo se va realizar el reemplazo generacional para las labores agrícolas y ganaderas. Así, entre los principales retos de estos sectores se encuentra el hacer frente al envejecimiento demográfico del rural. Además, es necesario seguir con la tímida tendencia de crecimiento en el tamaño de las explotaciones, que hasta el momento ha sido algo todavía muy incipiente. Paralelamente es imprescindible una mayor incorporación de los avances tecnológicos al campo y a la ganadería, que en buena medida son los responsables del incremento de productividad y del rendimiento de estas actividades en los últimos años.  Este es el camino para conseguir que ambos sectores sean rentables y puedan competir en condiciones ventajosas con una oferta creciente de fuera.

Paralelamente hay que mejorar la actual estructura productiva de la economía gallega, muy centrada en el ámbito familiar, con las consiguientes limitaciones para la expansión de la producción y el menor aprovechamiento de los recursos. Además, el campo y la agricultura gallega han venido pivotando en lo que se conoce como “economía de subsistencia”, con un escaso o nulo tratamiento empresarial de la actividad. Por ello es imprescindible mejorar la viabilidad económica y técnica de las explotaciones, sobre todo aquellas de menor tamaño, que son las que presentan más problemas para mejorar su productividad y para su mantenimiento en mercados cada vez más competitivos.

Por lo tanto, ante esta realidad hay que seguir mejorando las técnicas de producción agrícola y ganadera en Galicia.  Es esencial introducir una mayor mecanización y mejora de la rentabilidad. Si bien en Galicia se vienen recogiendo en la última década algunos esperanzadores avances, estos son todavía muy mejorables, sobre todo en las provincias de Ourense y Lugo, siendo la tónica dominante el reducido grado de mecanización y una rentabilidad económica netamente mejorable.

ADAPTACIÓN E INNOVACIÓN

Asimismo, es imprescindible dirigir los esfuerzos públicos y privados hacia una transformación económica del sector agrícola y ganadero desde el todavía muy presente modelo tradicional, altamente intensivo en mano de obra y que genera un reducido valor añadido, hacia uno más moderno, con una clara orientación hacia la economía de mercado. Si el sector secundario y terciario se han visto obligados a adaptarse a la nuestra estructura económica, el primario aún tiene esta asignatura pendiente en Galicia.

Al sector primario gallego no le basta con producir, debe innovar, especializarse y buscar la excelencia. Además, hay que crear demanda de nuevos productos agrícolas y ganaderos, hay que ir por delante de los competidores. En esto la provincia de Ourense está dando sus primeros pasos gracias a las nuevas iniciativas que estamos observando, algunas desde empresas con una amplia trayectoria, otras  aplicadas por nuevas empresas pero con un alto potencial de desarrollo. Este es, sin duda, el camino. Además, hay que seguir apostando por la producción responsable con el medio ambiente, tanto en la agricultura como en la ganadería. Es cierto que todavía hay mucho por hacer, pero los efectos sobre el medio ambiente de las actividades humanas cada vez se tienen más en cuenta. La producción ha de ser generosa y de calidad, pero también socialmente responsable. Es necesario encontrar el equilibrio entre el desarrollo agrícola y ganadero en la economía gallega y el mantenimiento de los espacios naturales y el medio ambiente. Todo va en un mismo lote y se encuentra interconectado. Son piezas del mismo puzle. 

En resumen, si queremos que Galicia cuente con un sector agrícola y ganadero que pueda competir, es necesario que las administraciones públicas con responsabilidad en este campo, en especial la autonómica y provincial, analicen las posibilidades de modernización de ambos sectores, prestando una especial atención a los factores que pueden limitar su desarrollo. Además, hay que planificar adecuadamente las transformaciones a realizar en los próximos años para incrementar la rentabilidad económica en ambos sectores. Todo esto debe plantearse en el marco de un modelo de desarrollo sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Hacen falta actuaciones públicas en este campo.