CON PRIMA DE RIESGO

Un debate sobre si la acción política es eficiente y capaz de promover un cambio

La buena gestión política mejora un país. En caso contrario, lo retrasa.

Un debate sobre si la acción política es eficiente y capaz de promover un cambio

Los antiguos clásicos, romanos o griegos, definían la política como la actividad humana tendente a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad y el progreso y también como actividad orientada, ideológicamente, a la toma de decisiones de un grupo para la consecución de unos objetivos. Nada más y nada menos. A nadie se le escapa que la acción política puede ser un medio de cambio de nuestras vidas, para ejemplos históricos las conquistas de los derechos sociales, como fue la abolición de la esclavitud o el reconocimiento de los derechos de la mujer. 

La acción política puede beneficiar al futuro de un pueblo, como puede ser la educación (el que suscribe ha sido educado gracias a un servicio público de educación), la acción sanitaria o sus necesidades sociales. El debate que le proponemos hoy es si la acción política en nuestro país es eficiente y oportuna y por tanto capaz de promover el cambio. Un buen ejemplo lo encontramos en una política que ya tiene sus raíces en el inicio de la democracia, el crecimiento del país de forma equilibrada, es decir, la reducción de las diferencias interterritoriales. España, gracias a su entrada en el club europeo, ha dispuesto de cerca de 160.000 millones para actuar en la igualdad entre territorios. ¿Ustedes creen que los resultados han sido buenos? 

En el computo general parece que sí, hemos cuadriplicado el PIB en España, hemos multiplicado por tres el salario mínimo y disponemos de una red de infraestructuras de primer nivel. Pero si rascamos un poco la cosa parece cambiar. Por ejemplo el empleo, cerca del 60% de empleo nuevo ha sido creado en Madrid y Cataluña, frente al resto del pais. Otro dato: el 80% de la inversión internacional que recibe España recae en estas dos comunidades. Cierto que son las más habitadas y con mayor nivel de empresas registradas y además Madrid cuenta con su efecto capitalidad, pero el resto de las comunidades no son capaces de atraer grandes inversiones. Es decir, el crecimiento desigual se mantiene a pesar de la inversión.

A nivel de Galicia los datos también son esclarecedores, a pesar de los avances socioeconómicos, el crecimiento de población y económico de A Coruña y Pontevedra muestra cifras superiores a la llamada Galicia interior, caso de Ourense o Lugo. 

Este resultado, suma de tres décadas, nos lleva a la siguiente pregunta: ¿El Estado es capaz de corregir las desigualdades?. La verdad es que cuenta con cantidad de medios, por ejemplo un presupuesto público. Solo el gobierno central dispone de 433.133 millones de euros, para inversión pública, gasto corriente, ubicación de sedes públicas, legislación, incentivos fiscales, subvenciones a fondo perdido. ¿Les suena? Así como con un “ejército” de más de tres millones de funcionarios para ejecutar las decisiones políticas. 

En consecuencia, el Estado dispone de grandes medios, pero los resultados son quizá difusos. Por  un lado grandes políticos que con tesón consiguen cambiar el devenir de los territorios. Un caso puede ser el primer alcalde de Benidorm que vio en el turismo y el crecimiento vertical su futuro. Otros ejemplos  podemos encontrarlos en la apuesta  de Galicia por el turismo religioso y la recuperación del Camino de Santiago como medio de proyección  mundial. De otro lado, podemos ver las cuencas mineras como a pesar del apoyo de las administraciones públicas van languideciendo a medida de que el sector minero cierra sus puertas. 

Cuando se habla de este tema siempre recuerdo cierto pueblo  danés que pasó de ser un pequeño pueblo pesquero a ser un centro de investigación en medicinas de primera línea del mundo. Si se preguntan como lo hicieron, pues fue una apuesta acordada por todo el pueblo. Desde el alcalde hasta el último ciudadano y a la vez en una apuesta intergeneracional, donde los hijos estudiaron la formación adecuada para trabajar y fundar el sector y los padres pagaron (vía becas públicas) esta formación. A la vez las  autoridades crearon ecosistemas emprendedores del sector, suelo barato, acceso a equipamientos y asesoramiento a medida. Y sobre todo, apostaron por un doble desarrollo, emprendimiento local y atracción de inversión internacional. El resultado es uno de los mayores centros de producción médica y de investigación sanitaria de Dinamarca y del planeta. 

Las lecciones de este caso pueden ser una buena aplicación para el caso gallego. Se debe apostar por planes de acción a largo plazo, entre 10 a 20 años, lo que significa que no debe ser la acción de un solo partido ni debe ser cambiado según gobierno (véanse los nefastos efectos de los cambios de las  leyes de educación de España). En segundo lugar no tiene por que ser una apuesta por la disponibilidad de  recursos endógenos sino eligiendo sectores que pueden perdurar años  en el mercado.