PAUTAS DE GESTIÓN

Integrar para mejorar

Creo en los enfoques integrados en la empresa. A mi modo de ver suman, optimizan, afianzan el compromiso y, en consecuencia, mejoran los resultados

Integrar para mejorar

Creo en los enfoques integrados en la empresa. A mi modo de ver suman, optimizan, afianzan el compromiso y, en consecuencia, mejoran los resultados.

Con la calidad nos referimos a productos, clientes y procesos; con el medio ambiente trabajamos sobre el respeto al entorno; y con la prevención nos centramos en la protección de las personas en el lugar de trabajo, ¿acaso no creéis que suma adoptar un enfoque integrado?

Las empresas necesitan garantizar calidad. Y calidad no es otra cosa que ofrecer productos (o servicios) que satisfagan los requisitos de los clientes, además de los legales o reglamentarios aplicables.

Evidentemente los productos han de ser “buenos”, es decir, han de responder a las necesidades de los clientes. Y esto es quizás lo más sencillo si disponemos del conocimiento, de la tecnología y, por supuesto, de las personas adecuadas. Pero además los productos han de satisfacer las expectativas de los clientes, y esto sí que es complejo. ¿Cuántos de nosotros hemos dejado de realizar una compra porque no nos ha gustado la atención telefónica? ¿O porque no nos ha gustado el ambiente en el lugar de venta? No nos olvidemos: cubiertas las necesidades, los clientes nos escogerán si somos capaces de dar respuesta a aquello que esperan de nosotros. El cumplimiento de las expectativas nos diferencia.

Pero en el mundo de la empresa esto no es suficiente… ¿Somos rentables? Ofrecer productos que satisfagan las necesidades y las expectativas de los clientes no garantiza la rentabilidad y, consecuentemente, la supervivencia. Necesitamos pues conseguir eficacia y eficiencia, y para ello resulta imprescindible gestionar adecuadamente los procesos.

Los procesos no dejan de ser conjuntos de actividades. Todos realizamos actividades en el día a día, pero… ¿realmente todas son necesarias? Me atrevería a decir que no. Nuestro subconsciente se habitúa al “qué” y nos olvidamos de cuestionar “para qué”. Pensemos, repensemos y eliminemos aquellas actividades que no aportan valor, es decir, organicemos nuestros procesos. Y demos un paso más, diseñemos un sistema para su gestión… planificar, implantar, medir y actuar para asegurar la mejora de los resultados.

En lo que respecta al medio ambiente, lo cierto es que toda empresa opera en un entorno e interactúa (para lo bueno y para lo malo) con él. ¿Hemos identificado nuestros impactos ambientales? Tendemos a creer que no generamos impactos. Es un error. Toda actividad empresarial genera impactos reales (consume recursos, genera residuos, vierte aguas residuales, etc.) y potenciales (toda actividad ante situaciones excepcionales, tales como un incendio, una explosión o una inundación, podría originar episodios de contaminación ambiental). Por ello, con la finalidad última de prevenir la contaminación en el entorno de influencia, la empresa debe identificar y gestionar sus impactos ambientales. Y esto evidentemente incluye garantizar el cumplimiento de la legislación de aplicación, que no es poca.

Algo parecido ocurre con la prevención, ¿es importante garantizar la seguridad y salud de las personas en el lugar del trabajo? La respuesta no admite matices, es fundamental. La desolación por la pérdida de personas es indescriptible… en la vida y en el trabajo.  Es indudable que los riesgos son inherentes a las actividades, pero hay que eliminarlos y si no es posible, al menos minimizarlos. A esto nos obliga la legislación de aplicación. Pero en este ámbito aún existe cierta inconsciencia…  no siempre se utilizan los equipos de protección, en ocasiones las inspecciones de las máquinas e instalaciones no se realizan con la periodicidad reglamentaria… ¿realmente pensamos en las consecuencias?  

Tradicionalmente calidad, medio ambiente y prevención en la empresa se han considerado disciplinas aisladas, decisión en gran medida condicionada por el hecho de que el despegue del desarrollo del medio ambiente y de la prevención de riesgos laborales es muy posterior al de la calidad. En mi opinión, en la actualidad la experiencia nos anima a adoptar enfoques integrados pues, si bien cada disciplina tiene sus especificidades, son muchos los aspectos comunes. Si integramos simplificamos, y si simplificamos optimizamos.

Pero no nos confundamos, simplificar y optimizar no significa restar importancia a alguna de las disciplinas, ése no es el mensaje. La integración nos obliga a pensar con un enfoque global para dar respuesta a ¿qué hacemos? y ¿cómo lo hacemos? Al mismo tiempo, exige establecer las pautas para asegurar el desarrollo de actividades teniendo en consideración los requisitos de las tres disciplinas. No es difícil, precisa reflexión, organización y el firme convencimiento de que nuestro producto será más valioso si respetamos el medio ambiente y si garantizamos la seguridad de las personas. Recordemos que satisfechas las necesidades de los clientes, es el cumplimiento de sus expectativas lo que verdaderamente cobra relevancia y es por ello por lo que probablemente, a corto o a medio plazo, la reputación de nuestra empresa influirá en nuestras ventas.  

El éxito sostenido de una empresa depende además en gran medida de la capacidad para conseguir personas comprometidas con los procesos, con el producto, con el cliente… y también con el medio ambiente y con la seguridad. Porque el compromiso se relaciona con cuestiones cruciales tales como la motivación, la comunicación, la búsqueda de soluciones o la propuesta de alternativas. Los enfoques integrados permiten aproximar la empresa a las personas y las personas a la empresa, por ello se afianza el compromiso y en consecuencia, se mejora.

En definitiva, integrar para mejorar. Ésta es la clave.