ANÁLISIS

El largo y complicado camino para aprobar un plan municipal de ordenación urbana

La aprobación del Plan de Ordenación Urbana de Ourense es una de las cuestiones más importantes que se plantea en el Concello, porque a través de él, fundamentalmente, se hace ciudad, se da seguridad jurídica a las empresas y ciudadanos para hacer sus inversiones y se puede dinamizar la economía. Pero hasta que se llega a su aprobación el camino es largo y complicado, con numerosos trámites y requisitos

El largo y complicado camino para aprobar un plan municipal de ordenación urbana

A grandes rasgos entre la aprobación del borrador del plan y su aprobación definitiva, existen numerosos trámites, informes, consultas, exposiciones públicas y publicaciones en diarios oficiales. El Concello tiene como mínimo que aprobar el borrador del Plan, posteriormente realizar una aprobación inicial, con trámite de información pública, y por último una aprobación definitiva. 

La Xunta de Galicia, que ostenta la mayoría de las competencias de urbanismo, u otras administraciones públicas, tienen que emitir, en distintas fases, los informes sectoriales preceptivos, que a título solamente enunciativo pueden abarcar temas de aguas, hidráulicos, de infraestructuras, agrícolas, ganaderos, forestales, paisajísticos, ambientales, naturales, culturales, etc. A toda esta legislación sectorial deberá adaptarse en cada momento el Plan que se está elaborando, lo cual podría exigir, en caso de que se introduzcan modificaciones sustanciales, un nuevo trámite de información pública, con todo lo que ello implica. Una vez finalizado este denso proceso se necesita un informe preceptivo y vinculante de la Xunta de Galicia que, precisamente por ser vinculante, puede obligar a realizar modificaciones y exigir nuevos trámites. Suponiendo que la Xunta diera el visto bueno, sería entonces el Pleno del Concello el que acordaría la aprobación definitiva, para lo que hace falta mayoría absoluta. 

Si además de todo esto, ocurre, como sucedió en el caso del Concello de Ourense, que durante la tramitación del nuevo Plan se anula el que estaba en vigor y se aprueba una nueva Ley del Suelo de Galicia en el año 2016, que obliga a adaptar el Plan, que ya estaba muy avanzado, a la nueva legislación, entonces la cosa se enreda de tal manera que convierte su aprobación en algo casi imposible. Y por último, y no menos importante, quedan las luchas partidistas que impiden alcanzar la mayoría absoluta para su aprobación. Todo este enrevesado proceso legislativo hace que un Plan se puede anular con relativa facilidad, como de hecho están sucediendo en los Tribunales. La solución sería que el Plan Municipal fijase sólo directrices y clasificación del suelo en urbano, urbanizable, suelo de núcleo rural y rústico, dejando el desarrollo del suelo urbanizable, el que más intereses suscita, a los Planes Especiales, en los que sí tendría bastante más sentido una aplicación rigurosa de la legislación sectorial y un evaluación adecuada del impacto ambiental que tiene el desarrollo de la ciudad. En fin, lo que no puede ser es que la aprobación de un nuevo Plan Municipal de Ordenación Urbana se convierta en una obra titánica que dure tanto como la llegada del AVE a Ourense, por poner un ejemplo. El sistema ni es ágil, ni seguro ni responde a las necesidades de la sociedad.