EL INVERSOR INTELIGENTE

Seleccione buenos negocios y siga la inflación

¿Cuál es el crecimiento real de nuestra inversión en un período inflacionista?

Seleccione buenos negocios y siga la inflación

Los inversores suelen estar más preocupados por las consecuencias sobre sus inversiones de los cambios políticos y económicos en el corto y medio plazo, que por la salud económica de sus empresas. Estar al tanto de todos los factores económicos que afectan a la evolución de un país o un continente es un esfuerzo ímprobo, y lo que es peor, en la mayoría de los casos totalmente ineficaz ya que ni los mayores expertos logran una correcta relación causa efecto de dichos factores y la evolución a corto y medio plazo de los mercados. 

Considerando por tanto que lo más importante es seleccionar buenos negocios para nuestras inversiones, valorarlos correctamente y hacer un seguimiento exhaustivo de los mismos como haría el dueño de la empresa, sí hay un factor macroeconómico que debemos seguir de cerca: la inflación.

La rentabilidad media sobre los activos en el mundo empresarial se ha mantenido en un valor constante entorno al 11% en los últimos 30 años, sin variaciones evidentes en los momentos en los que se producen cambios inflacionarios.

Suponiendo que nuestra empresa obtiene un 11% de rentabilidad de sus fondos propios, por cada 100 euros invertidos, la empresa obtendrá 11 euros. De dichos 11 euros, suponiendo que paga un dividendo de 4 euros, la empresa reinvertirá 7 euros a una tasa del 11%. Si la relación entre el valor de mercado y sus fondos propios se mantiene, nuestras acciones al cabo de una año se habrán revalorizado un 7% y habremos obtenido un dividendo de 4 euros.

Pero ¿cuál es el crecimiento real de nuestra inversión en un período inflacionista?

Históricamente no ha existido ningún período con elevada inflación en el cual la rentabilidad media de las empresas cotizadas haya subido por encima de la media. Para conseguir una rentabilidad por encima de la media tendría o bien que aumentar sus márgenes (es decir conseguir subir los precios a un ritmo superior todavía al de la inflación, o disminuir sus costes, algo también muy improbable) o aumentar la rotación de sus activos. Si bien la repercusión de la inflación en el precio medio del inventario puede ser más rápida que en los activos, aumentando a corto la rotación, a medio plazo la reposición de los activos a los nuevos precios provocará que la rotación de los mismos vuelva a su nivel inicial. Por tanto no podemos esperar a largo plazo que la inflación provoque una mayor rentabilidad de nuestros negocios.

Volviendo a la tasa de crecimiento del 7%, si nuestra inflación es de un 2%, el crecimiento real será del 5%, pero si la tasa de inflación es del 5%, aunque nuestras acciones se revaloricen un 7%, nuestra rentabilidad real habrá sido del 2%.

Hay que añadir el propósito principal tanto del Banco Central Europeo como de la Reserva Federal Estadounidense es el de controlar la inflación, y su herramienta principal es la política monetaria. Si hay inflación, subirán los tipos de interés para disminuir la masa monetaria disponible para la inversión ya que se hace más atractiva en bonos y depósitos y parte de los fondos destinados a renta variable se redirigen hacia dichos activos en caso de convertirse en una alternativa real.

A largo plazo la inversión en acciones se ha demostrado como la más rentable de las opciones, y preocuparse por la economía suele ser una pérdida de tiempo. Pero si hay algo que pueda merecer la pena considerar, es la evolución de la inflación y de los tipos de interés.