FORO LA REGIÓN

"Para afrontar mejor la pérdida hay que vivir y disfrutar del presente"

José Ignacio Bermúdez, psicólogo especializado en duelo y exdirector del Centro Penitenciario de Pereiro de Aguiar, será el protagonista del Foro La Región que tendrá lugar este jueves en el Marcos Valcárcel 

El psicólogo Nacho Bermúdez.
El psicólogo Nacho Bermúdez.
"Para afrontar mejor la pérdida hay que vivir y disfrutar del presente"

José Ignacio Bermúdez (Ourense, 1960), más conocido como Nacho, se formó en Psicología en la Universidad de Santiago de Compostela. Después de trabajar como director del centro penitenciario de Pereiro de Aguiar, se embarcó en una nueva aventura profesional que se centra en un "fuerte tabú" como es la muerte y el duelo. Hoy, Bermúdez desgranará los detalles de su trabajo como coordinador del servicio de Orientación Psicológica del Tanatorio San Carlos de Salamanca en la cita del Foro La Región en el Marcos Valcárcel, a partir de las 20,15 horas. 

¿Se enseña a afrontar el duelo?

No, en nuestra sociedad sigue siendo un tabú. No se habla del duelo, no hay tiempo para detenerse y hacerlo porque el mundo ha cogido un ritmo vertiginoso.

¿Qué pasa, entonces, cuando alguien pierde a un ser querido?

Una pérdida es un shock emocional para la persona, una parálisis, y nadie está preparado para afrontarlo. Tampoco hay una dinámica específica de preparación, tampoco es que nadie nos pueda enseñar, porque el duelo se construye poco a poco. Pero sí es cierto que si el enfoque de nuestra de vida parte de unas premisas determinadas, estaremos en mejores condiciones de afrontarlo.

¿Cuáles serían esas premisas?

La premisa fundamental es vivir mucho el momento presente y estar muy entrenados en disfrutar de cada situación que la vida nos ofrece. Cada mañana al levantarnos tenemos que ser conscientes de tenemos la oportunidad disfrutar de muchas situaciones, para que cuando la pérdida ocurra podamos decir "hemos vivido, hemos disfrutado" y ahora hay que aceptar esa pérdida. 

¿Cómo es el proceso del duelo?

Comienza por una negación, luego se le continúa una situación de enfado y de ira por lo que ha ocurrido. Cuando la realidad se impone, la persona entra en una fase de depresión y luego ya, la última, el objetivo del proceso del duelo es la aceptación. 

¿Qué significa la aceptación?

Aceptar no es resignarse, aceptar es poner a la persona en el lugar de la vida de uno en el que le corresponde. Es decir, he perdido a mi marido, a mi esposa, a mi padre, y lo sitúo en el lugar de mi vida que le corresponde y lo sigo teniendo presente, pero de otra forma. Me relaciono con él y tengo una vivencia íntima que me alivia. Sabiendo siempre que el dolor nunca va a desaparecer.

Dolor no es lo mismo que sufrimiento. 

Suelen confundirse los conceptos y no tienen nada que ver. El dolor hay que aceptarlo como parte de la vida, en el momento que estamos en la vida nos exponemos al dolor. En nuestros talleres de duelo enseñamos a la gente a manejar el dolor, para que sea competible para continuar con la vida. Hay que educar la mirada para ver lo que nos ofrece la vida, que son, para empezar, las otras personas que están aquí. 

¿Qué tipo de talleres imparte?

Tenemos dos variedades, la individual, de vaciado emocional de la persona, y la grupal, donde se encuentran y hablan diferentes personas que atraviesan por el duelo, que reconocen que no están solas. Cuando hay una pérdida solemos pensar que somos los únicos del mundo que lo estamos pasando, al ponerlos en contacto se produce una empatía en la forma de afrontarlo.

¿Cómo llegan las personas a los talleres?

Cuando alguien acude a nuestro taller viene con una expectativa desmedida. Lo que la persona quiere es que le quites ese dolor pero claro, nosotros no se lo podemos quitar, sino darle herramientas y acompañarla. 

¿Cómo puede ayudar el entorno?

Yo animo a la gente a que acompañe y a que escuche, más vale un abrazo, una mirada cómplice, una caricia, que un discurso o unas palabras mal dichas. La persona no pide más que acompañamiento. También tenemos que aprender a respetar el silencio en los tanatorios, porque hay otras familias que pueden estar más afectadas por la pérdida.