LA CRÍTICA

"Ant-Man y la Avispa”

Su percepción de ser un producto menor la convierten en una aceptable propuesta

"Ant-Man y la Avispa”

Al igual que el bueno de Scott Lang consagra sus días de arresto domiciliario a la noble labor de convertirse en el papá más molón del mundo mundial, “Ant-Man y la Avispa” aprovecha su total y consciente intrascendencia para entregarse sin complejos a la comedia inofensiva y la acción más juguetona marcando necesarias y muy sanas distancias con la desbordante épica de “Infinity War”.

Un cambio radical de peso y tono en el imparable devenir del Universo Cinematográfico Marvel que el filme que vuelve a dirigir Peyton Reed ejecuta valiéndose de las mismas armas que convirtieron la primera entrega en un disfrutable verso libre dentro del arsenal marvelita: una trama tan simple como eficaz, humor inocuo a gran escala, un puñado de cuidadas ‘set pieces’ que usan con imaginación las posibilidades que ofrecen los cambios de tamaño y un protagonista capaz de sostener todo el tinglado y que brilla especialmente en las distancias cortas.

El carisma de Scott Lang, de este Scott Lang, tiene muy poco que ver con el liderazgo chulesco de “Iron Man”, con el inagotable sentido de la responsabilidad del ‘Capi’ (así se llaman entre amigos) o con la ruidosa vis cómica de Thor.

Él, perdedor adorable y héroe por accidente, es más de andar por casa  y despliega todo su encanto cuando es cariñosamente apaleado verbalmente por Hope van Dyne (Evangeline Lilly), en su tira y afloja constante con el gruñón Dr. Hank Pym (Michael Douglas). Y es que, a la espera de ver el alcance que el todavía misterioso Reino Cuántico tiene en la trama de Vengadores 4, precisamente eso es Ant-Man y la Avispa: un juego.