LA REVISTA

“Coco”

La cinta echa mano de una paleta visual deslumbrante para entretener al público infantil e invitar a reflexiones de peso al público adulto

Pixar nos está malacostumbrando. Su última gran película fue “Del reves”, una maravilla en la que ahondaba en la problemática adolescencia con una historia de profundo simbolismo y de una modernidad asombrosa en la que se dirigía más al público adulto, más capaz de descifrar muchas de sus claves, que al público infantil.

Tras un periodo de transición con películas desiguales como “El viaje de Arlo”, “Buscando a Dory” o “Cars 3”, regresa con una original cinta en la que vuelve a demostrar su espléndido sentido de la aventura y recuperando sus mejores armas, las de la emoción. Para lograrlo, Pixar se inspira en la festividad mexicana del Día de los Muertos para dar la forma a la historia un de niño con una gran pasión por la música que vive en una familia que la odia a muerte.

No le queda otro remedio que actuar por su cuenta, acabando en la Tierra de los Muertos en busca de la aprobación de su tatarabuelo, el mítico Ernesto de la Cruz. Un viaje para conocerse mejor a sí mismo y que le permite valorar mejor lo que supone formar parte de una familia y las consecuencias de la muerte. Sin llegar a la hondura de “Del reves”, la cinta se revela como un dinámica historia que no cae en el tópico sino que honra una cultura de manera inteligente.

A pesar de un narración rutinaria en algunos momentos y algunos personajes desatendidos, “Coco” nos lleva a momentos de emoción extrema. Un ejercicio estilístico gracias a una deslumbrante paleta visual que logra entretener al público infantil  y a la vez invita al adulto a reflexiones de peso.