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Cosecha tardía de un Albariño de Arbo

Una de las señas de identidad de esta bodega es la paciencia. En primer lugar, en el viñedo, esperando siempre hasta el punto de óptima maduración, sin precipitaciones en la vendimia.

Cosecha tardía de un Albariño de Arbo

Hace trece años que Manuel Pérez cambió la Ribeira Sacra por el Condado del Tea. Oficialmente es una subzona de Rías Baixas, pero en realidad es una región vinícola con identidad propia y características en lo que a viticultura se refiere, a las condiciones climáticas, de suelo, etcéterá más cercanas al Ribeiro que al Salnés.

Hay dos factores que le dan rasgos de identidad frente al Ribeiro: el uso del emparrado como sistema de conducción tradicional y el dominio del Albariño frente a la Treixadura que se utiliza, sin embargo, en la elaboración del vino del Condado, junto con con Albariño, dominante en el ensamblaje, y la Loureira.

Fundador y propietario de Carballal de Sande, Manuel Pérez cuenta con un viedo propio de hectárea y media organizado en tres bancales o socalcos. La orientación propicia una larga maduración y la realización de vendimias tardías sin riesgo de afección por botritis. Sus tres vinos son CdS Albariño, CdS Condado y este Besta Roxa, que es un Albariño de cosecha tardía. Elaborado con uvas que fueron vendimiadas en los primeros días de octubre de 2017, procedentes de la finca Carballal y otras próximas.

Una de las señas de identidad de esta bodega es la paciencia. En primer lugar, en el viñedo, esperando siempre hasta el punto de óptima maduración, sin precipitaciones en la vendimia, pero también en la bodega, donde el mosto se convierte en vino tras un leve prensado de las uvas, extrayendo todo su carácter a una variedad que, debidamente tratada ofrece un gran panel de aromas y un sabor elegante capaz de mantenerlo sin perder la frescura que le otorga ese plus de acidez sobre otras variedades.

Tras la vinificación, el vino es trasegado y luego permanece en depósito de acero durante meses, hasta el mes de junio en que se procede al embotellado. Todavía permanecerá unas semanas más de reposo en botella antes de salir al mercado. La añada de 2017 acaba de hacerlo. Y aunque ya está en su punto para poder disfrutar de su cualidades aromáticas en las que predominan las frutas que luego se confirman en boca, es un vino muy bien estructurado que aguantará el tipo en botella sin defraudar durante al menos dos o tres años más.