EL DESTINO

Kinmen, joya oculta de Asia

La isla es una curiosa herencia de la Guerra Fría, que posee una enorme belleza natural y unos vistosos pueblos que convierten el paraje en una joya oculta de Asia Oriental

Kinmen, joya oculta de Asia

La isla de Kinmen, administrada por Taiwán pero situada a solo 10 kilómetros del histórico rival de los taiwaneses, la República Popular China, es una curiosa herencia de la Guerra Fría, que posee una enorme belleza natural y unos vistosos pueblos que convierten el paraje en una joya oculta de Asia Oriental.

Desde que China y Taiwán comenzaron el acercamiento económico en la pasada década, es relativamente fácil viajar a Kinmen desde la vecina Xiamen, una de las principales ciudades costeras chinas, ya que entre ellas sólo hay diez kilómetros de mar, por lo que una embarcación las une cada media hora.

El contraste entre Xiamen -también situada en una pequeña isla- y Kinmen es espectacular: la primera es un territorio tomado por los rascacielos y la modernidad, poblado por casi dos millones de personas, mientras que Kinmen es principalmente rural, todavía está repleta de parques naturales, y tiene una población diez veces menor. Unas diferencias que reflejan el desarrollo chino al lado del más relajado carácter taiwanés.

Ante la imposibilidad de una invasión, China decidió en años posteriores bombardear Kinmen con miles de proyectiles, y de aquellos bombardeos que azotaron la isla sobre todo en los años 50, y que causaron cientos de víctimas, queda hoy un peculiar recuerdo: en las ciudades de la isla el souvenir más preciado son cuchillos y navajas elaborados con el acero de los obuses que cayeron en ella, que los artesanos de la zona aprendieron a reconvertir.

El maestro Wu es el más famoso cuchillero de la isla, y la fábrica de su familia en las afueras de Jincheng es uno de los principales atractivos de Kinmen, aunque dicen las malas lenguas que los proyectiles se acabaron hace ya tiempo y ahora la familia Wu utiliza acero de origen más mundano.

También hay museos, como uno muy atípico en una antigua casa de té -eufemismo con el que se referían a los burdeles para la soldadesca- en el que se rinde homenaje a las prostitutas que allí trabajaron para atender a los militares.

Otra opción es visitar los túneles subterráneos que utilizó Kinmen como refugios contra los bombardeos o para mover armamento y municiones de un lugar a otro sin que los espías chinos lo supieran.

Por último, un cementerio de mártires de la guerra civil, en el monte Taiwu, uno de los más altos de la isla, recuerda a miles de jóvenes que perdieron su vida en los años 40 y 50 luchando frente a los comunistas.