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Lanzarote: geología pura

Belleza purísima y espontánea. Sabiduría sedimentada de siglos. Respeto a sus paisajes siempre en delirio, a su pasado

Lanzarote: geología pura

Lanzarote es geología pura, paisajes submarinos y lunares, transparentes aguas, tierra sedienta, oasis de palmeras, es convivencia en armonía del hombre y la naturaleza. La isla ofrece un paisaje para disfrutar todo el año, de días soleados, de deliciosas playas, de valles volcánicos bellos e hirientes a la vez. 

Lanzarote son más de 100 volcanes de anhelantes y abiertas bocas resecas en 800 kilómetros cuadrados, ríos petrificados de regaliz negro ya sin humos, arquitectura en sosegado silencio, llena de encanto. Belleza purísima y espontánea. Sabiduría sedimentada de siglos. Respeto a sus paisajes siempre en delirio, a su pasado. Su luz lo enciende todo.
No bastan las palabras para describir el misterio mágico de Lanzarote, incluso después de haber visitado hay quien duda si la isla es real, alucinación o espejismo.
Abundan los rincones apetecibles y sorprendentes que cautivan al viajero. Cada uno de los siete municipios en los que se divide la isla, todos en contacto directo con el mar, esconden más de algún secreto.

Entre los rincones más valorados por los visitantes están: el Charco Verde (una laguna conectada al mar por grietas subterráneas, separada del mar por una playa de arena; es de color verde debido a la presencia de gran cantidad de organismos vegetales en suspensión); Los Hervideros (Se trata de un tramo de costa acantilada con presencia de cuevas y bufaderos formados a raíz de las erupciones volcánicas de 1730-1736 y esculpidos por la erosión, donde el mar suele batir con peculiar virulencia) y el Parque Natural de los Volcanes, fruto de las erupciones volcánicas ocurridas el año 1824.