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El pescado en la puerta y el puerto a cien metros

La elaboración no era especialmente brillante, al horno cubierto con mayonesa y un acompañamiento de patatas panadera y cebolla

El pescado en la puerta y el puerto a cien metros

Quise hacer una escapada hasta Leixões, el puerto que compite con el de Vigo en descargas de sardinas para conocer su lonja y, de paso, comer en alguno de sus restaurantes típicos. Vamos, que fui en plan guiri. Me llamaron la atención los puestos en la calle para asar sardinas, todos ellos en espera de que lleguen las descargas de tan popular y cada vez más escasa especie.

Pero a la hora de comer me fie del pescado que estaba en el expositor y en que tenía mesas ocupadas con clientes locales disfrutando de unas parrilladas de pescado yunas espetadas de lulas con camarão. Seguro que estaban riquísimos, por la cara que ponían mientras los disfrutaban. Yo, lo siento, pero busco el bacalao diez y bacalao fue lo que comí.

La elaboración no era especialmente brillante, al horno cubierto con mayonesa y un acompañamiento de patatas panadera y cebolla. Pero la calidad del bacalao era extraordinaria. El vino con el que acompañé la comida, que en la etiqueta decía que era Alvarinho no me pareció gran cosa. Es más, creo que un vinho verde de la casa, de esos de jarra me habría sabido mejor y habría sido más barato.

Me chocó que no pusieran de entrada, los aperitivos típicos. Luego me di cuenta de por qué. La ración, perdón, la media ración, que se ve en la foto, era tan enorme que hubiésemos comido dos y habríamos quedado satisfechos. El caso es que el bacalao  estaba tan bueno que me lo comi todo, apartando la mayonesa, claro. Dejé de lado incluso el postre.

El local, de aspecto marinero, bien atendido, limpio, me pareció correcto. El bacalao de gran calidad y en relación con el precio, 12,50 euros la media gigantesca ración, fue sin duda económica. No estuvo mal. Lástima del vino. Habrá que pedir Douro.