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¿Primer día en el gimnasio? Sólo tema a la soledad

Conseguir que una persona de avanzada edad cambie su rutina y sopese incorporar el ejercicio físico entre sus nuevos hábitos, es una proeza sólo al alcance de ciertos médicos o familiares. Los profesionales del nuestro ámbito nunca estaremos suficientemente agradecidos a estos ángeles de la guarda.

¿Primer día en el gimnasio? Sólo tema a la soledad

Una vez que el convencido comprende la necesidad y las virtudes de esta medicina natural y preventiva, es posible que le asalten ciertas dudas, incluso temores, obstáculos insalvables para completar el paso. ¿Qué ambiente me encontraré? ¿Quién me atenderá? ¿Qué puedo hacer yo allí, a mi edad? 

Miedo a lo desconocido

El mayor temor de quien nunca pisó un gimnasio es el miedo a lo desconocido. A encontrarse un lugar hostil, lleno de aparatos de complejo funcionamiento y repleto de personas de físico perfecto o imponente, quienes le mirarán por encima del hombro y se reirán de sus torpes movimientos en la sala.

No niego que esta imagen tópica pueda repetirse en algún sitio pero hoy es residual. Porque los medios e instalaciones han mejorado mucho y son aptos para todos los públicos. Porque a ningún empresario de Fitness sensato se le ocurriría rechazar a un cliente por su edad. Y menos en una ciudad como la nuestra, donde la gente mayor supone el mayor porcentaje de población y posible clientela. Lo normal es que sea recibido con los brazos abiertos y una sonrisa.

La atención es lo importante

La verdadera preocupación que debería tener este y otros posibles clientes es la atención en la actividad. Que en el recinto trabajen profesionales titulados y debidamente formados. Con cualidades e interés por enseñar a todo tipo de personas, de forma segura y efectiva. Escuchando, aportando confianza y programando el trabajo más personalizado, bajo objetivos consensuados, sensantos y posibles.

Todo lo que suponga dejar a una persona mayor a su suerte en un gimnasio -por ahorrarse unos euros- es una irresponsabilidad con dos posibles consecuencias: el abandono de la actividad o la lesión. Ahora bien, si a usted le urge cobrar la herencia y tal, pues es un buen método para no dejar huellas. Cierto es.