SALUDABLE

Sale el sol y entonces nos acordamos del gimnasio

Ya lo dice el refrán, nos acordamos de Santa Bárbara solo cuando truena 

Sale el sol y entonces nos acordamos del gimnasio

Dice el refrán que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Cuando sale el sol, y sus rayos descubren nuestros defectos, es cuando sólo nos acordamos de nuestra forma física y hábitos cotidianos.

Sólo entonces es cuando recordamos que el ejercicio físico y la nutrición son dos buenos métodos para mejorar nuestro bienestar y además, nuestra apariencia exterior. Para algunos, lo único importante.

Y claro, ahora nos entran las prisas, porque el verano ya está próximo. Pasaremos unos días en la playa y no es cuestión de que los vecinos vean un cuerpo flácido, rebosante de michelines, sin unos bíceps y pectorales prominentes. Que con el solarium y la depilación láser no nos llega para disimular. 


Vencer o morir en el intento


Así que entraremos en el gimnasio como los bárbaros en la antigua Roma. Arrasando. Exigiremos el máximo castigo. Salir a cuatro patas del recinto. Vencer o morir en el intento. No nos llegarán las horas del día, los días de la semana, para lograr nuestro objetivo. Todo ello, si aguantamos el primer mes sin acusar el bajón. Cuando la euforia y la ansiedad cedan el paso al sentido común y concluyamos nuestra falta de criterio por intentar realizar, de forma esquizofrénica y en apenas una semana, lo que no hicimos durante toda la temporada, con constancia y el correcto asesoramiento de un profesional.

El cargo de conciencia durará el tiempo de una caipiriña bajo la sombra de una palmera. El verano pasará. El invierno llegará. El oso hibernará. Y sólo nos acordaremos de Santa Bárbara cuando los rayos de sol vuelvan a brillar en primavera. ¡Maldición! Esta falda del año pasado ya no me sirve. ¿A qué gimnasio me apunté yo en septiembre? ¡Al ataqueee!


Por su cuenta y riesgo


Sí, nos movemos por impulsos. Pero existe algo peor que acordarse del gimnasio en abril. Es el “yo me pongo en forma por mi cuenta”. No haga dietas milagro, no deje de cenar, no salga a correr a las tres de la tarde con una faja abdominal, no compre cremas ni batidos, no baje entrenamientos de internet, no pida consejo a su cuñado... No haga estupideces para terminar más lesionado, más pobre o más gordo.