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Spiderman: Homecoming Tom Holland justifica la reinvención del personaje más icónico de Marvel

Con cara de ser el niño más bueno de la clase y sus maneras de héroe novato torpe y bienintencionado, Tom Holland justifica por sí mismo la tercera -sí tercera ya en lo que llevamos de siglo- reinvención del personaje más icónico de Marvel.

Spiderman: Homecoming Tom Holland justifica la reinvención del personaje más icónico de Marvel

En Spider-Man: Homecoming Peter Parker huye de todo rastro de gravedad y oscuridad para tejer sus nuevas telarañas agarrado a las estructuras clásicas del cine marvelita en un filme que apuesta por el tono ligero, divertido, luminoso y, también hay que reconocerlo, deliberadamente facilón en no pocas ocasiones. Una levedad que le sienta mejor que bien al héroe adolescente por excelencia que, esta vez sí, parece sacado directamente de una viñeta.

Junto a él, y frente a él, dos personajes, Iron Man y el Buitre del excelente Michael Keaton, plantean conflictos generacionales y sociales con aceptable credibilidad al mismo tiempo que el guión de John Watts y compañía usa eficazmente ambas figuras para ubicar y amarrar con firmeza la historia de Peter Parker (su pasado, su presente y también su futuro) al resto universo cinematográfico de los Vengadores.

Un guión que, sin abandonar nunca su convencional estructura, toma otras acertadas decisiones que revierten en beneficio de este nuevo y alegre Spiderman como no hacer de los amoríos de Peter su gran preocupación, trufar la trama de constantes referencias y chascarrillos a costa de los Vengadores o despachar con una simple línea de diálogo momentos emblemáticos pero vistos una y mil veces como la picadura de la araña o la muerte del tío Ben.