MÁS DEPORTE

Ni una sola lágrima más...

Alejandro Montero se derrumbó al recibir el premio Deporte Sin Límites ante un público que le brindó la mayor ovación de la gala

El atleta Alejandro Montero llora desconsolado tras recibir el premio Deporte sin límites de manos de José Manuel Vázquez "Casiano".
El atleta Alejandro Montero llora desconsolado tras recibir el premio Deporte sin límites de manos de José Manuel Vázquez "Casiano".
Ni una sola lágrima más...

"¡Joder, me va a hacer llorar!", decía una mujer que estaba sentada en la última fila acompañada de su hermana y su marido. Mientras aplaudía y los ojos pestañeaban debatiendo si una lágrima caía por la mejilla, Alejandro Montero no podía levantar la cabeza del atril. No era vergüenza, era impotencia. 

El premio fue tan inesperado, como celebrado. El atleta intentó expresar sus sentimientos con palabras. Pero el auditorio estaba sintiendo sus emociones con lágrimas. No hacían falta letras, ni frases, la mano en la cara del ourensano era suficiente. Los aplausos inundaron el recinto hasta tres veces. Las mismas que necesitó Alejandro Montero para recomponerse. Porque su historia es una especial. De esas que hacen llorar a terceros, sin tan siquiera conocer la verdad. Lo que hay detrás de un deportista que hace la San Martiño en poco más de media hora y que quiere ser (y será muy pronto) deportista paralímpico. 

Difícil de superar un inicio así. Tan emotivo. Tan sentimental. Tan único. Sin embargo, los corazones y los ojos de todos se recompusieron con la presencia del mago Alberto de Figueiredo con el periodista Jorge Ron como cómplice. 

Los dos hicieron que la gala fuera rápida en la mente y pausada en el reloj. Los juegos interrumpieron momentáneamente los galardones, pero con una crónica que despertaba el interés. No había impás para ir al servicio, todo iba rápido. Tan ligero como las manos de Marta y Sabela. "Dúas" percusionistas que hacían vibrar el cuerpo. El estímulo de bailar empezaba a invadirte cuando los ritmos de su percusión eran veloces y te tranquilizaban cuando eran dóciles.

Alejandro Montero fue el único que lloró. Lo hizo por fuera. Sin embargo, hubo otros que lo hicieron por dentro. Marta Figueiredo miró al cielo con el corazón en un puño. El premio el Mejor Equipo Absoluto se lo dedicó a su abuelo que no pudo ver el hito de su nieta. Ganar la Copa de España. No hubo ni una lágrima más. Cada premio fue personal, cada finalista ovacionado. Esta Gala es única. Cada año despierta algo indescriptible. Hay que vivirla. ¡Qué espectáculo!