SALUD

Corredores y caminantes, se hace camino al aprender

Hace unos años, ver a un individuo corriendo por la calle en pantalones cortos era como toparse con un marciano. Hoy, lo extraño es ver a un cura o a un militar vestido de faena.

Una imagen de la San Martiño de 2016 con corredores aficionados.
Una imagen de la San Martiño de 2016 con corredores aficionados.
Corredores y caminantes, se hace camino al aprender

Los tiempos han cambiado mucho. Ahora estamos rodeados de nuevos feligreses o soldados, que profesan la fe de los ‘runners’.

‘Runners’. No los confunda con ningún personaje de la famosa película de Ridley Scott. Significa ‘corredores’ en nuestro idioma. Aficionados a devorar kilómetros en fines de semana, días laborables o ambos, poseídos por un frenético deseo por ampliar distancia y velocidad. Seducidos por una creciente tendencia comercial en animar a la gente a “superar sus límites”, cuyas consecuencias ya son notables.

Subir al trapecio sin red

Dejando a un lado a los atletas federados y miembros de clubes, a quienes se les supone la valentía y la correcta preparación, nos centramos en los nuevos reclutas. Los atletas, caminantes y senderistas que un buen día decidieron cambiar sus hábitos de vida y un mal día decidieron subir al trapecio sin red.

Porque salir a caminar o a correr en contacto con la naturaleza es una fantástica experiencia, sí. Si se sabe caminar y correr. Y se está preparado para ello.

¿Les parece exagerada tal afirmación? Recientes estudios y cualquier fisioterapeuta les puede explicar la plaga de lesionados que atiborran las clínicas desde que la gente se empeña en imitar a Gómez Noya o a Kilian Jornet. La mala técnica de carrera, la falta asesoramiento profesional y la nula planificación -en general se peca por exceso- terminan por anular cualquier beneficio deportivo.

Caminar también tiene riesgos

Riesgos de los que tampoco se libran los que optan por pasear o participar en andainas. Un mal apoyo del pie no es problema. Cientos de miles de malos apoyos desencadenan una sucesión de desequilibrios en tobillos, rodillas, caderas y espalda. Si además sufrimos un considerable sobrepeso, multipliquen los daños en las estructuras corporales.

Antes de comenzar, hay que aprender. Y nadie sabe más que el profesional competente. Como bien apostaría Machado: “Se hace camino al aprender”.