ENTROIDO CUALEDRO 2018

Perpetuando la tradición del Zarramoncalleiro

En el medio y medio del Triángulo Máxico vive la tradición del Entroido de Cualedro y su símbolo, el Zarramoncalleiro. Vestir el traje y llevarlo con dignidad resulta un trabajo bastante laborioso y complicado.

Manolito, Paco y Paula ya listos para recorrer las calles.
Manolito, Paco y Paula ya listos para recorrer las calles.
Perpetuando la tradición del Zarramoncalleiro

"Hemos visto Coruña, Valencia, Madrid y Toledo y no encontramos un Entroido como el de Cualedro" o, al menos, eso es lo que se decía "en tempos" en mi pueblo, seguramente cuando el Zarramoncalleiro o Zarramanculleiro -todavía no lo tenemos muy claro- se dedicaba a cobrar tributos a los vecinos y no chupitos de licor café, como ocurre en la actualidad. 

El símbolo del Entroido cualedrés volvió a tomar las calles en febrero de 2003, cuando un grupo de mujeres del municipio se decidió a recuperar esa parte de la historia que tan sólo vivía en la memoria de nuestros abuelos. 

"Confeccionamos los trajes a partir de las Mázcaras de A Xironda, pues ambos personajes tenían un pasado común", explica Ana, la vecina de Cualedro que inició todo el proceso. "Yo sabía sobre el Zarramoncalleiro lo que me contaba mi abuelo, que era que se dedicaba a recaudar los impuestos de aquel entonces, basados en chorizos, patatas y cosas así", añade . 

En 2005 se lograron hacer 15 trajes. Lo que marca la diferencia de la máscara cualedresa es que el fondo es amarillo, y lleva pintados motivos florales y vegetación autóctona. Los colores que predominan en la indumentaria del Zarramoncalleiro son el azul y el rojo, y los materiales van desde la pasamanería, hasta la gasa y el hilo de oro. 

"El traje puede rondar los 1.500 euros", sentencia Ana, que este año ha decidido ejercer de anfitriona en su casa y ofrecernos licor café, crema de orujo y pastas, a los que seguimos perpetuando esta tradición. Algunos como yo, por primera vez. 

El triángulo mágico

Es difícil gozar de mucha fama cuando te encuentras en el medio y medio del "Triángulo Máxico" y compites con el Cigarrón de Verín, el Peliqueiro de Laza o la Pantalla de Xinzo. Diría que lo especial del Zarramoncalleiro es que, como dicen los que lo llevan, "ten unha labor social". Y es que la máscara cualedresa debe recorrer todas las casas del pueblo y visitar a sus vecinos. 

"Canto tempo fai que non ves ao Francisco", me dice mi amigo Manolito, el Zarramoncalleiro que ha logrado mantener viva la tradición, junto a Kike y Paquito, y el que sale a correr "chova ou vente". "O bonito é visitar á xente, charlar un rato e saír de novo a correr". Y es cierto. No me acordaba de charlar con Francisco, una de las personas más amables que tiene Cualedro. Canta y toca el órgano en misa y siempre tiene una sonrisa dibujada en la cara. 

"Pois veña, enchédeme a min o vaso de licor café que hoxe quero brindar con vós, ¿Non queredes quedar a comer", nos dice. "Non, temos que seguir Francisco, que hoxe comemos todos os amigos xuntos", le decimos. 

En primera persona

Llevar un traje tan tradicional no es fácil e impone respeto. No sólo por lo que pesa -cada choca es medio kilo y son siete- sino porque hay que saber moverse, comportarse y tener una actitud adecuada -con ese tremendo peso-. "Non podes quitar a máscara fóra dos espazos cubertos e tes que correr dereita", me aconseja Manolito. Las nuevas generaciones nos acompañan, Ana, que tan sólo tiene 11 años, no duda en enfundarse su traje para participar del ritual. 

A nuestro paso, llamamos la atención de los turistas que pasan en sus coches, algunos incluso se paran a hacernos fotos. Se trata de aficionados que se recorren toda la geografía ourensana en la búsqueda de los personajes del Entroido y éste, sin duda, también les ha gustado.

La jornada termina en Cualedro con una comida entre amigos y conmigo redactando este reportaje. Sin duda, una experiencia digna de ser escrita y fotografiada. ¡Viva o Entroido de Cualedro".