PROSTITUCIÓN

La Alameda, la búsqueda del sexo barato y rápido

En la ciudad, la parte de la Alameda que da hacia el río Barbaña concentra en la madrugada a mujeres ofreciendo sexo. Entre ellas, jóvenes que coquetean con drogas y mayores que buscan dinero para llevar a casa.

Una mujer en la parte trasera de la Alameda de Ourense.
Una mujer en la parte trasera de la Alameda de Ourense.
La Alameda, la búsqueda del sexo barato y rápido

La prostitución ha dado un giro de 180 grados en la ciudad. En la actualidad se ejerce, según los datos facilitados por fuentes de la Policía Nacional y Local, mayoritariamente en pisos particulares. A mediados de los años ochenta, el casco viejo concentraba la mayoría de los locales de alterne. En esa zona aún quedan tres bares –uno acaba de abrir con una nueva gerencia– en la que ofrecen sus servicios una docena de mujeres.  Además de esta zona, en los últimos años ha resurgido como escenario la parte de la Alameda do Concello que limita con el río Barbaña.

Varias mujeres, unos días seis y otros entre cuatro y tres, ofertan allí sexo por cantidades que van desde los 20 hasta los 50 euros. Esta última cifra es la idea original, pero los clientes suelen regatear y pueden terminar pagando mucho menos. "Los hombres que vienen aquí no tiene mucho dinero. Muchos están en el paro o son pensionistas", apunta una de las mujeres que dice llamarse Sandra y ser natural de Ourense.

Las prostitutas suelen pedir hasta 50 euros por sus servicios; pero terminan rebajando la cantidad hasta los  20 euros

Esta mujer caminaba en la madrugada del pasado miércoles por la zona en que suele instalarse durante el día los vendedores ambulantes. A unos diez metros de distancia se paseaba otra de más edad, María P., que reconoce que ejerce la prostitución para llevar algo de dinero a casa. "Si tuviera otro trabajo no estaba aquí. Esto es peligroso", asegura, puntualizando que hay noches que logra conseguir un cliente. "Hay hombres que pretenden hacerlo gratis, sin pagar", afirma, antes de asegurar que no ofrece sus servicios por menos de 50 euros. "Tengo clientes fijos. Si aparece uno que no conozco, no me voy con él por miedo a que me pase algo". 

La llegada de clientes parece no ser un problema, las complicaciones se presentan una vez negociado el precio. En la Alameda no hay un lugar para mantener las relaciones sexuales por lo que se ven obligadas a subir al coche del cliente. "Y una vez que cierras la puerta nunca sabes lo que puede pasar".

La desconfianza se nota en la cara de todas ellas, que pese a tener diferentes edades se unen como una piña ante el mínimo problema. Ya se han registrado varios.  "Hubo una mujer que se fue con un cliente que la ató en la casa y le robó las llaves de la vivienda. Después la dejó atada, fue a su piso y le robó todo lo que tenía de valor". 

“Este negocio está mal"

Los recelos que muestran en un principio se van disipando a medida que se gana su confianza. "Este negocio está mal porque la gente no tiene dinero a causa de la crisis económica. Antes de subir al coche con un cliente, pido que me pague primero", comenta una de las mujeres, recordando que muchos de los clientes, una vez mantenida las relaciones sexuales, si pueden se marchar sin pagar.

El perfil de los clientes, según explican, es de un hombre de mediana edad, aunque también suelen solicitar sus servicios jóvenes y mayores de la tercera edad. Y en todos los casos, su experiencia le dice que el contacto sexual tiene que ser "rápido" y por el menor dinero posible. "A veces, si se trata de un cliente fijo, haces una rebaja. Sabes que va a volver y que puedes ganar más dinero", puntualizan.

Las mujeres que se prostituyen en esta zona también tienen un perfil. Cuando están ejerciendo ninguna esconde que es prostituta y buscan la mejor esquina para atraer clientes, después de vestirse con ropas vistosas que dejen al descubierto parte de su cuerpo, sobre todo las piernas y senos.

Entre las que se paseaban por la zona las madrugadas del pasado martes y miércoles, las había ya avanzadas en años, que ofrecen sus servicios para llevar a casa un dinero que les permita salir adelante con su familia. "Tengo hijos  que mantener y recibos que pagar", apunta una de las prostitutas.

También hay las que coquetean con las drogas y el alcohol y buscan dinero fácil para comprar una dosis y poder comer. En este caso, tienen socios cerca que están vigilando sus movimientos y pueden salir en su ayuda en caso de que tengan algún problema. Todas coinciden que el negocio va a menos a causa del botellón que se organiza durante los fines de semana.