DEMOGRAFÍA - PROVINCIA

Los alcaldes del rural reinvidican más financiación para evitar desertizarse

La falta de ingresos, la ausencia de vivienda y de mano de obra para las nuevas empresas acelera su grave crisis demográfica

Vista aérea de Cerdedelo, en Laza, uno de los concellos con más baja densidad de población.
Vista aérea de Cerdedelo, en Laza, uno de los concellos con más baja densidad de población.
Los alcaldes del rural reinvidican más financiación para evitar desertizarse

Más viviendas, más mano de obra y, sobre todo, un poco de ayuda para poder mantener los servicios públicos, cada vez más costosos. Esas son algunas de las necesidades de los regidores del denominado "desierto demográfico" ourensano que, según el último estudio del Instituto de la Serranía Celibérica, compondrían 13 concellos. Es decir, aquellos con menos de 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado y que están rodeados por otros en esta misma situación.

En Parada de Sil tienen poco menos de 600 habitantes distribuidos en 62,4 km2 y eso complica la gestión diaria. "Os kilómetros de estradas no municipio seguen sendo os mesmos, hai que ir recoller o lixo igual, e hai que prestar os servizos", explica su alcaldesa, la socialista Yolanda Jácome.

Es fiel a la vida del rural, pero cree que necesita ayuda: "Non só diñeiro, senón axudas para formar emprendedores". En este concello notan el "grave déficit" de viviendas, por lo que ve urgente facilitar el arreglo de las que están abandonadas. Ellos tienen un proyecto para rehabilitar cinco casas, que empezará en septiembre, "pero non estará listo ata dentro de dous anos", lamenta.


Problema laboral


Otra de las patas que echa en falta este desierto demográfico alejado de grandes aglomeraciones es la mano de obra. "É un problema atopar traballadores. É moi difícil, é moi lonxe, e se non teñen vivendas onde quedar non queren vir...", añade Jácome.

Con el bum de la Ribeira Sacra hay cada vez más oportunidades, sobre todo del sector servicios, pero afirma que "buscamos traballadores e non os atopamos".

En Vilariño de Conso, atienden los servicios con una densidad de población por debajo de los tres habitantes por kilómetro cuadrado. "É moi difícil manter os servizos, menos mal que temos o cánon das hidroeléctricas, se non igual nin existíamos", confiesa Melisa Macía, la alcaldesa.

Al igual que su homóloga de Parada de Sil, asegura que "hai moitos kilómetros de estrada que manter", y coincide en que "fai falta vivenda" para que la gente se pueda instalar. "Temos escaseza de casas", por lo que cree que las ayudas debería contemplar ese apartado.

Aún así es optimista. "Temos posibilidades", dice con rotundidad. Y es que ofrecen impuestos cero. "Non cobramos o lixo, nin a auga, nin o imposto de vehículos, nin a gardería...", explica Macía. Y aún, así, la gente es reacia a instalarse.

Otro de los grandes "desiertos" es el concello de A Gudiña. Ahí la vivienda no escasea, "porque se reformaron moitas coas obras do AVE", dice el alcalde, José María Lago. Más bien al contrario: "Temos excedente de oferta", debido a la marcha de muchos de esos trabajadores.


"Encaixe de bolillos"


El problema es que sus 1.360 habitantes se reparten por 172 km2. "Temos os mesmos gastos con menos recursos. Sempre pedimos que se teña en conta a dispersión xeográfica. Facemos encaixe de bolillos para manter os servizos", dice.

Aldeas con 50 vecinos han menguado y quedan apenas cinco. "Pero seguimos indo recoller o lixo, e desbrozar as estradas. E cada vez con menos recadación", lamenta.

Coincide con sus homólogas en la "escaseza de man de obra", sobre todo en el sector servicios. "Ten que vir xente de Portugal a traballar", asegura, y subraya que "é complicado encontrar xente para as brigadas ou a axuda a domicilio, que pide máis especialización". 


"Non hai vontade de loitar por isto, parece que vai todo para o corredor do Morrazo"


Las complicaciones son comunes a todo el oriente ourensano. "Faise máis difícil cunha residencia de maiores de xestión municipal como a nosa, pero así fixamos poboación", destaca el alcalde de Manzaneda, Félix Domínguez. 

El regidor considera a la gente que sigue viviendo en el rural e invierte, como los de la cooperativa, unos auténticos "resistentes", ante lo que considera "políticas da Xunta para destruír o rural". Lamenta que todo el oriente ourensano "se deixe morrer", mientras "vai todo para o corredor do Morrazo".  "Que deixen algo para o interior", reclama.  Al igual que otros alcaldes, señala que hay casas abandonadas y, "pese a que hai máis de 30 vivendas sociais", cree que se necesitan más, pero "faría falla vontade para loitar por isto". 

 "Hai 20 farolas para 10 habitantes, pero o servizo hai que dalo igual. Na zona de montaña do concello encarécense moito os servizos, hai que facer 26 kilómetros para recoller o lixo", indica Vicente Gómez, el alcalde de Castrelo do Val. 

Aunque hay algunas ayudas que contemplan la dispersión territorial, cree que habría que buscar "fórmulas para concellos que son tan grandes". Se muestra favorable a que cualquier vecino tenga los servicios mínimos, pero cree que "os políticos cando falan de asentar poboación terían que coñecer o rural". 

Sostiene que la discriminación positiva con los concellos grandes podría empezar "co tema dos desbroces de pistas, xa que se lle dá o mesmo a todos os concellos".