ENTREVISTA - ECONOMÍA

Antón Costas: "La sociedad no va con el consumo de los ricos, sino de la clase media"

El prestigioso economista Antón Costas (Vigo, 1949) llega hoy a Ourense para presentar en el centro cultural Marcos Valcárcel (19,30 horas) su último libro, "El final del desconcierto.

El vigués Antón Costas.
El vigués Antón Costas.
Antón Costas: "La sociedad no va con el consumo de los ricos, sino de la clase media"

El prestigioso economista Antón Costas (Vigo, 1949) llega hoy a Ourense para presentar en el centro cultural Marcos Valcárcel (19,30 horas) su último libro, "El final del desconcierto. Un nuevo contrato social para que España funcione", en un acto en el que será presentado por el alcalde de Ourense, Jesús Vázquez y el presidente del Colegio de Economistas de Ourense, Guillermo Díez. Barcelonés de adopción, Costas abordará el escenario laboral o el conflicto catalán.

Insiste siempre en que la crisis ha dejado a mucha gente en la cuneta. ¿Cambiará la situación?

La economía española es maníaco depresiva, con fases de euforia y crecimiento fuerte con empleo, pero a continuación se desploma más que otras economías y destruye más empleo, es un ciclo bipolar. El gran problema es que cuando las recesiones son muy largas, con un paro intenso, y vuelve la recuperación, hay una parte de población que queda en la cuneta, desempleada o con trabajos precarios, sin capacidad para la estabilidad. Sucedió en los 80, con un desempleo permanente por encima del 10%, también en los 90 y vamos abocados a que nos ocurra lo mismo. Tras tres décadas, es tiempo de ir al psiquiatra, ver qué hacemos mal.

¿Los gobernantes no lo hacen?

El 70% de la pobreza viene explicada por el desplome del empleo, tiene mucho que ver con el ciclo económico bipolar. Debemos hacer una política macroeconómica, fiscal y monetaria mucho mejor de lo que se ha hecho. La gestión de la austeridad ha sido tan nefasta que es un problema de negligencia. En cualquier otra profesión, los responsables hubiesen acabado en los juzgados. El único oficio que al parecer no tiene que responder es la política.

Se escucha que el PIB mejora, que la economía crece. ¿Pero qué pasa con los ciudadanos de a pie?

El desconcierto de nuestra sociedad tiene mucho que ver con un hecho nuevo, que no se veía desde la II Guerra Mundial. La economía ha roto su vínculo con el progreso social. Toda recuperación económica se acompañaba de empleo y buenos salarios y ahora estamos viendo que la economía crece y el desempleo se reduce, pero los salarios no aumentan, es un problema muy serio en todas las economías occidentales.

¿Y España en particular?

Es el país europeo que peor transforma el crecimiento económico en progreso social y por eso todos los informes dicen que somos el país que más ha aumentado la desigualdad. Tenemos un problema serio, en gran parte provocado por los salarios, pero también porque impuestos y gastos sociales se redistribuyen hacia los acomodados, no hacia abajo. Esos dos ingredientes hacen que la pobreza, desigualdad, exclusión y falta de ingresos sea tremenda.

¿Y los empresarios qué cuota de responsabilidad tienen?

La pregunta es si hay margen para aumentar salarios, y sí lo hay. Ya es el cuarto año que los excedentes son más elevados que en ningún otro país. ¿Por qué hay que aumentar salarios? Por tres motivos, es la fuente de ingresos fundamental para el 70% de hogares, el eje de una vida digna. También es clave para no tener una economía maníaco depresiva, ya que la sociedad no funciona con el consumo de los ricos, sino de las rentas medias y trabajadores. Y en tercer lugar, los salarios tienen mucho que ver con la productividad de las empresas, que no se aumentará con bajos sueldos. Si los trabajadores mal pagados fueran más productivos, estaríamos redescubriendo que el sistema esclavista era magnífico.

Hay que hablar de esa Cataluña en la que reside. ¿Hay esa fractura que se quiere transmitir?

Si, sin duda. Era una especie de tabú, cuando alguien hablaba se le denostaba. Esto cambió a raíz de la gran manifestación constitucionalista, que tuvo un efecto de catarsis, rompió el discurso de que solo había un pueblo volcado a una independencia unilateral, no a favor de la independencia, un objetivo político legítimo si se hace a través de los cauces legales.

¿Qué salida ve, un referéndum?

La situación de malestar, incomodidad y ruido permanecerá mucho tiempo, no hay solución matemática. En el malestar conviven dos componentes. Uno lo compartimos con todos los españoles, las consecuencias de la crisis y, el otro es el mal funcionamiento del modelo territorial, un problema en todas las Comunidades Autónomas. Mi propuesta es afrontar primero el malestar global, soluciones a problemas comunes, y esa respuesta aliviará el malestar catalán. Seguro que llevará consigo una reforma constitucional y un referendum en toda España.

¿Hay culpables en ambos bandos?

No es cuestión de culpas, un concepto muy religioso. Podríamos hablar en términos de responsabilidad. Desde 2010, tras la sentencia del Tribunal Constitucional, nunca hubo diálogo desde el Estado, lo que fue muy bien aprovechado por los independentistas. No se abrió un camino político, pero lo que hoy pasa es responsabilidad de aquellos que han buscado una independencia unilateral.