REPORTAJE

Capi, treinta años sin dejar a nadie sin un funeral digno

Antonio Álvarez Fernández, "Capi", divide sus desvelos entre la Hermandad del Santísimo Sacramento, de la que es presidente y ayuda a sufragar entierros,  y el Atlético Vilariño.

Capi, el pasado viernes en su pueblo de Barreiro.
Capi, el pasado viernes en su pueblo de Barreiro.
Capi, treinta años sin dejar a nadie sin un funeral digno

Antonio Álvarez Fernández, "Capi", preside la hermandad del Santísimo Sacramento, en la parroquia de Santa Cristina de Vilariño. Trabajador del campo durante muchos años, el club de fútbol de la Primera Galicia es otra de sus pasiones. Es más, podría decirse que tiene metida toda su historia en la cabeza. 

Es en 1987 cuando Capi se hizo cargo de la hermandad. "Yo, como presidente, nombro un secretario para los recibos, un cobrador y un tesorero, que se encarga de meter y sacar el dinero del banco. También ayudo, claro. Antes lo hacía el cura, pero el que llegó nuevo se negó", detalla.

¿Y cómo fue el hacerse con la presidencia de la hermandad? "El párroco que teníamos era ya muy mayor y empezó a estar mal de la cabeza. Vino otro sacerdote y no quiso saber nada del tema. Y los vecinos me pusieron a mí, me tocó el gordo. El Obispado dice que el presidente tiene que ser un cura, pero...", recuerda ahora, tres décadas después.

Pero ¿cómo funciona la hermandad?: "Cada socio pone 30 euros al año, haga usted cuentas teniendo en cuenta que somos cerca de 300", responde. La parroquia es Santa Cristina de Vilariño, en Pereiro. La integran unos cuantos pueblos, entre ellos Barreiro, donde vive Capi. "A muchos (de los vecinos) no los conozco, es gente de fuera que viene un fin de semana o cosa así. En Barreiro, seremos ahora unos 85, pero tenga en cuenta que hay familias de cuatro o cinco personas. Y así con el resto de pueblos. Pero no todos son socios de la hermandad, así que yo he hecho cuentas y calculo eso, que seremos unos 300", razona.

1.100 euros
Un total de 1.100 euros es la cantidad que aporta la hermandad para cada fallecido. Las cuentas están claras, si no llega con ese dinero es la familia la que debe poner el resto. "Esto es como todo, si usted quiere gastarse 800 euros en un ataúd, más 100 o 150 de los honorarios del cura, las flores, el autobús... Otras familias recortan gastos, ni flores ni autobús. Yo creo que teníamos que poner algo más que 30 euros, pero ya sabe, son tiempos de crisis, me dicen", relata Capi.

Buen presidente de la hermandad, no tarda medio segundo en contestar el número de fallecidos desde el 87. "Seis por año, uno pueden ser dos y otro diez. La media son seis. ¿Incineración? De momento se estila poco, aquí se es más de enterrar al muerto donde están sus familiares", asegura.
El Atlético Vilariño es su otra pasión. "Estuve 20 años jugando en el equipo, entre los 15 y los 35. Llegué a ser capitán, de ahí el apodo por el que me conocen. El club se fundó en el 45, tiene que ser de los más antiguos de Ourense. Los socios pagaban dos pesetas al mes, yo no lo era porque no tenía ese dinero. En el 46 se hizo el campo, en unos terrenos comunales. Aún no había liga, jugábamos partidos amistosos", detalla.

Hermandad, fútbol... ¿Hasta cuándo? "Seguiré mientras me vaya la cabeza, de momento me va bien... Hay Capi para rato. ¿Sacrificio? No, porque me gusta lo que hago", finaliza.