PATRIMONIO OURENSANO

La cara y la cruz de la arquitectura sacra

San Ignacio recomendaba no hacer mudanza en tiempos de tribulación, pero nada dejó escrito sobre si debían alzarse templos en plena marejada. De ahí el abismo arquitectónico ourensano entre el Vaticano II y todo lo anterior.

Con la sensualidad de una estrábica de misteriosa belleza, con esa imperfección de la urgencia que le privó una torres, Santa Eufemia representa el arquetipo barroco gallego.
Con la sensualidad de una estrábica de misteriosa belleza, con esa imperfección de la urgencia que le privó una torres, Santa Eufemia representa el arquetipo barroco gallego.
La cara y la cruz de la arquitectura sacra

Es difícil no preguntarse dónde se encontraba el Espíritu Santo cuando se construyeron algunos de los templos de la ciudad. Incluso los más fieles pueden albergar ciertas reservas sobre la aprobación divina a cierta parte de la arquitectura sacra ourensana que, inmersa en la extrañeza artística postconciliar como sucedió en toda España, sufrió la mordida del modernismo, abriendo como nunca antes el debate sobre los límites de la belleza artística.

Hormigones yacentes y lánguidos, tan aptos para un templo como para un polideportivo. Cruces que podrían ser pararrayos. Vírgenes sin trazo alguno de feminidad distinguible. Por momentos, no creería estar en la misma ciudad que alberga la fachada cóncava de Santa Eufemia, barroco desbordante y monumental que no deja de sorprender a los visitantes que caen inesperadamente ante su presencia, procedentes de los callejones del Casco Viejo. Esa explosión de grandeza queda suspendida en el señuelo equívoco de su asimetría, como el defecto sutil que a veces vuelve atractiva a una persona: una de sus torres laterales nunca llegó a terminarse.

Y sin embargo, el callejero oculta también la Cruz Alta de La Milagrosa o el San José de Vistahermosa, cuyas ausencias y finitudes, vigas en psicodélica fuga, y tinieblas de esta tarde otoñal provocan que en su interior la frialdad resulte extrema, y el eco de los pasos se magnifique hasta el más allá, en plena celebración de la misa de las ocho.

LA TRANSFORMACIÓN DE LOS 60

Algún padre conciliar dejó escrito que todo esto forma parte de la renovación de la Iglesia; el cura de mi parroquia, menos conciliador en la corta distancia, me confesó un día que esos templos de hormigón y hierro, sin cruces en el exterior, ni decoración interior, son prueba fehaciente de la existencia del diablo. Ni tanto.

Busco explicación a la ausencia de belleza en los templos posteriores a 1960 y trato de evitar esa palabra –belleza-, porque desde mediados del siglo pasado el arte sacro se ha visto obligado a pasar por el aro del momento, cayendo incluso en las extrañas simas de la vanguardia y lo posmoderno.

SENCILLEZ O FEÍSMO SACRO

Tres años antes del Concilio Vaticano II, que revolvió los cimientos de la iglesia en todo el mundo -un terremoto en el que también temblaron las columnas de lo artístico y ceremonioso-, se aprobó el plan urbanístico de Ourense de 1959, y con él, se inaguró la iglesia parroquial de Cristo Rey en As Lagoas.OURENSE. 11.11.2016 FACHADAS IGLESIAS DE OURENSE. VISTA HERMOSA FOTO: MIGUEL ANGEL

Los cronistas de la época admiten que no fueron pocas las dificultades del entonces párroco y antiguo colaborador de La Región, el añorado Don Pedro Gómez, para atraer a una clientela acostumbrada al barroco exhuberante del resto de la urbe. El proyecto, para unos cima artística moderna y para otros excelencia del feísmo sacro ourensano, está firmado por los prestigiosos arquitectos locales Garaizábal y Chao. No por casualidad, ambos pusieron su sello en la culminación de la actual Comisaría de Policía, que fue en su momento la más moderna de España, y cuyas obras se iniciaron en 1982.

Inaugurada en 1964, la parroquia de San Pío X, en Mariñamansa, se construyó con donaciones privadas, un proyecto que se subió al carro del la explosión urbanística sesentera, sustentado con el dinero que entraba en la ciudad procedente de la emigración. Fue diseñada por el arquitecto Manuel Conde Figaldo, que eligió como material base para la contrucción la piedra, explican desde la parroquia; en lo arquitectónico, Conde Fidalgo "opta por un tipo de edificio que estuvo en boga durante los años sesenta-setenta, en el que se tiende a simplificar gastos y ornamentos".

"Descartada la posibilidad de colocar un retablo presidiendo la cabecera", admiten las memorias parroquiales, "debido a que las grandes dimensiones de esta requerían un desembolso impensable, se optó por la sencillez, muy en la línea de los postulados del Concilio Vaticano II". ¡Eureka!

EL PUENTE DEL ARTE

El arquitecto Esteban Fernández proclamó la arquitectura sagrada como aquella que hace de puente "entre la inmanencia y la trascendencia". Desde antiguo, los autores de iglesias, catedrales, y de todo el conjunto del arte sacro, concibieron su obra como un trampolín que obligara a levantar los ojos hacia Dios. Por eso las cúpulas de las catedrales, esos trazos espigados que se pierden entre las nubes en las iglesias góticas, o la sobria santidad del románico, tan abundante en la provincia: desde el Monasterio de Santa María en Xunqueira de Ambía, el de San Estevo, la iglesia de Santiago en Allariz, hasta la de Santo Tomé Vello de Maside.

OURENSE. 11.11.2016 FACHADAS IGLESIAS DE OURENSE. CATEDRAL DE OURENSE. FOTO: MIGUEL ANGELDe igual modo, paseando la ciudad, nos topamos con la sencillez de Santo Domingo, acalorada en su interior por el fuego del barroco, o el fortín rodeado de torres de la Catedral de San Martiño, que preside el centro histórico de Ourense, y en cuyo interior las horas se amoldan a los hallazgos artísticos de los siglos, moldeando tiempos y esculturas en loas a santos y vírgenes de toda procedencia. De las más antiguas de Galicia, esta catedral fue siempre corazón vivo de la ciudad, como reflejan sus actas y los escritos de sus deanes. El sello ourensano del paso del tiempo y las familias, de las riquezas y los fracasos, de los matrimonios y los decesos, se conserva en el desván de sus archivos.

Y en el lugar de la primitiva catedral de Ourense -o eso creen los historiadores, aquella de advocación debida al francés San Martín de Tours-, la medieval Santa María Madre, que conservan aún dos de sus columnas catedralicias, que engrandecen más aún su apariencia enclaustrada y sobrecogedora. Tal y como señala una inscripción en su lateral, el primer templo, de 1064, fue reconstruido en 1084 después de quedar dañado por incursiones mozárabes y normandas. Y aún fue otra vez demolido en 1722 -también acreditado en otra incripción-, esta vez para alzar una iglesia de estilo barroco que hoy podemos contemplar, en lo alto de la larga escalinata que conecta la Plaza Mayor con la Plaza de la Magdalena.

EN BUSCA DEL EQUILIBRIO

Las innovaciones litúrgicas promovidas por el Concilio Vaticano II "tenían el fin de enfocar la celebración hacia el pueblo", recuerda el estudio coral 'La parroquia Urbana', pero a veces "no fueron del todo entendidas por los arquitectos" y eso dio lugar a "propuestas más o menos ingeniosas" en un contexto de "confusión absoluta". El contrapunto no casual lo encontramos en el arquitecto José Luis Fernández del Amo, que levantó la iglesia postconciliar más celebrada de España: la madrileña Nuestra Señora de la Luz.

En Ourense, los trabajos postconciliares dejaron arquitectura sacra para todos los gustos: de las propuestas más vanguardistas y arriesgadas a los guiños atemporales a lo más clásico.

Una vez más, el impulso particular de un hombre cristalizó en la construcción de otro templo importante , añadido en los 50 al skyline de cruces del cielo ourensano. Fue el director del colegio salesiano, José Saburido, quien desarrolló los planos, ayudado por el salesiano José Peitado. El resultado, inaugurado el 23 de mayo de 1954, mezcla sencillez y sobriedad con el mayor respeto a los trazos arquitectónicos clásicos, en una obra que constituye el templo de mayor cabida de la diócesis.

Tal vez el secreto sea que ambos responsables eran profundos conocedores de la vida de un templo católico y se esforzaron por concebirlo "como un lugar capaz de acoger a los alumnos del colegio recién levantado -en 1951-", razonan los Salesianos, que llevan en la ciudad desde 1911. Un caso similar: la de Fátima, en O Couto desde 1962, fue construida piedra a piedra por los propios vecinos y fieles.