OURENSE NO TEMPO

Historias del Miño en Auria

Uno de los tesoros que tenemos los ourensanos, es nuestro Miño; bello y generoso, a menudo olvidado y tristemente maltratado

Dornas, barcas típicas en la desembocadura del Miño en lo años 20. Imprenta Roisin.
Dornas, barcas típicas en la desembocadura del Miño en lo años 20. Imprenta Roisin.
Historias del Miño en Auria

No voy a entrar en discusiones con los historiadores diciendo que nuestro Miño haya sido causa del nacimiento de nuestra ciudad, pero si no lo ha sido, al menos debemos considerarlo como uno de los argumentos fundamentales para su creación. Hoy no son uno ni dos los puentes que lo cruzan en el entorno de la ciudad, sino que podemos contar al menos ocho, quizás por eso no lo vemos como un problema a la hora de desplazarnos; nuestros ancestros sin embargo sí que tuvieron que enfrentarse a este reto que era cruzar un río tan caudaloso y peligroso como era aquel Miño.

Los viejos aún recuerdan una zona situada debajo de Salesianos que en la época estival reducía tanto el nivel de agua, que se podía cruzar andando, era el Vao. En la zona que hoy ocupa más o menos el viaducto había un espacio de los varios que recogían "coios" (guijarros o cantos rodados) arrastrados por las aguas en su recorrido, que también quedaba prácticamente sin agua y permitía cruzar de una orilla a otra. Se conoció esa zona en concreto como El Coiñal. Aguas abajo había al menos otras dos zonas de "coios": la desembocadura del Barbaña y la playa del Cachete (pequeño grupo de casas que estaba debajo del actual puente Novísimo). 

Ya que he citado varias zonas del río a su paso por nuestra ciudad, os citaré otras que tengo identificadas al menos de nombre para evitar su olvido. Tres estaban marcadas por grandes rocas que hoy o no están o el lodo y las aguas las mantiene ocultas. Serían La Peña de Francia (muy frecuentada por bañistas, situada debajo del Puente Nuevo), la Pena dos Sastres (por la desembocadura del Barbaña) y a Peneda Cuadrada (por el Ribeiriño). Seguro que os sorprende, pero llegamos a tener al menos dos puertos fluviales: Porto Vello (aún hoy identificado en la desembocadura del Loña) y el Porto Auriense (en el entorno de Os Remedios, desembocadura del Barbaña). A ellos habría que añadir lugares casi fijos de atraque como eran: Oira Vello, Ervedelo de Reza y el embarcadero del Campo de Santiago (debajo del campo de la feria actual). No penséis en grandes infraestructuras, pero buen servicio daban cuando el viejo puente no estaba operativo. Molinos con seguridad hubo también dos (aún quedan restos), pero se sospecha de al menos otros tres. 

La pesca fue de siempre uno de los alicientes que ofrecía el río, y si me dejo llevar por fotos e historias contadas por viejos “pescos”, he de pensar que fue una gran industria local. Bueno, creo que no fue para tanto, pero algún buen ejemplar salió de sus aguas para los pucheros ourensanos. Salmón, trucha, y anguila para quien lo pescaba o quien lo pagara, y el abundante sábalo, y unos diminutos pero comestibles "rañosos", para quien los quisiera (se vendían en la plaza del Puente a peseta el ciento). Esta pesca podía ser con caña, pero también se realizaba en barca, unas artesanas chalanas de tracción “animal”, que competían con otras no menos artesanas gamelas o dornas, ya para "profesionales". El barco que podríamos decir ourensano típico era el de dos dornas (dos troncos de madera que se vaciaban y unían con unos tablones. Tenían la singularidad de que al tener que ir en una de las dornas el barquero, los remos eran de diferente tamaño). 

Otro detalle eran las redes y artes utilizados para capturar a los habitantes del río. Lo suyo eran "o bituron" (arte fija en un paso del río), "o alxerife (red de arrastre), "as chumbeiras" (red circular que podía lanzarse desde tierra o barca, llena de plomos en el borde que la cerraban según entraba en el agua) y "as cabaceiras" (parecida a la anterior pero sin peso en los bordes, lo cual hacía que el lanzamiento y vuelo de la red resultaran de gran belleza). 

También era frecuente que algún espabilado envenenara las aguas con lejía y similares para acelerar las capturas. Estas artes continúan en su mayoría utilizándose en el Miño, aunque desde luego no en las zonas donde embalses y especies invasoras han dejado huérfanas las aguas, el entorno de nuestra ciudad es una de las que se han quedado sin vida.

De oídas sé también que en el Miño se “pescaba” de todo, por ejemplo naranjas: comentaban, pero “jamás se llego a comprobar”, que por la noche existía un continuo y lucrativo trasiego de barcos e incluso nadadores entre la zona de Reza y Canedo con costales de harina y regreso con sacos de naranjas que se cogían “prestados” en los vagones de la estación. También era buen negocio el tránsito de café procedente del país vecino, en el que las malas lenguas cuentan que incluso la brigadilla colaboraba…, pero como digo, eso eran habladurías “sin fundamento”.