ENTREVISTA

Manuel Martín: "La Troya tiene que existir siempre, es la única asociación no politizada"

"Sonar suena, pero no hay quién lo toque", dice Manuel Martín González, presidente de la sociedad artística La Troya, mirando al piano que luce en la biblioteca del local situado en la rúa Ribeira de Canedo.

Manuel Martín, en la biblioteca de La Troya.
Manuel Martín, en la biblioteca de La Troya.
Manuel Martín: "La Troya tiene que existir siempre, es la única asociación no politizada"

 La asociación cultural más antigua del barrio de A Ponte–ya existía cuando era Ayuntamiento de Canedo–va a cumplir cien años sin relevo generacional. Creada en 1923, fue un referente con su coro, sus certámenes de poesía y otros actos culturales. Llegó a tener equipos de baloncesto, ajedrez, tenis de mesa y campeonatos de billar. Ahora busca una fórmula para atraer a más socios. 

¿Cómo sobrevive la Troya? 

Antes había mucha más actividad, la gente vivía más la sociedad artística, porque tampoco había otra cosa. Aquí llegó a crearse la rondalla Los Enxebres, que ganó concursos por toda España cuando esto aún era Ayuntamiento de Canedo. Tuvimos hasta equipo de baloncesto.

¿Y qué hacen ahora?

Todo lo que podemos, pero la gente es poco participativa. Hay conferencias en las que a veces se llena la sala, pero otras no. Obras de teatro, un concurso infantil con los institutos de la zona... Se han hecho muchas cosas. Ahora, con el bar, incorporamos una cocina para que haya pinchos calientes. Los socios vienen todas las tardes a jugar la partida.

¿Cuántos socios son?

Sobre 160.

¿Cuántos llegó a haber? 

Muchos más,  más de 300. La Troya se mantuvo siempre con una cuota pequeña.

Hace unos años era la cuota más baja de España en el registro nacional de casinos. ¿Sigue así?

Sí, seguimos pagando seis euros al mes y no quiero subirlo. Estas sociedades tienden a morir. La juventud no viene. Hemos intentado captarlos como socios con ideas como un equipo de fútbol, una sala de ordenadores...Imposible. Nadie.

¿Por qué es importante para usted mantener esa cuota?

Porque si la subo, los que ya no paran aquí–el 50% de los socios–se darían de baja.

¿Cuántos años tiene el socio más joven?

Cuarenta y pico. Y yo no quiero subir la cuota. Cada vez que pasamos los recibos hay alguna baja. Fíjate si hay cariño en la gente, que hay viudas que quieren seguir pagando la cuota de su marido muerto. 

¿Y ellas, no son socias?

Hay mujeres socias. Antes era un mundo machista, pero aquí abrimos las puertas a todo el mundo. Tenemos socios de 90 y pico años que juegan la partida todas las tardes. 

A los más mayores les regalan una insignia de plata. ¿Cómo es eso?

Sí, a los socios números 1, 2 o 3 se les hace un homenaje cada año. Pero eso es mal síntoma, quiere decir que son muy mayores. Nadie quiere ser el número uno.

¿La Troya está destinada a morir?

Sí. Pero no solo esta sociedad, todas. Y esta es la que mejor se puede mantener porque el local es nuestro. Yo quiero dejar las cosas bien cuando termine mi mandato. Alguna sociedad de Ourense me pregunta que cómo nos mantenemos. Moviéndonos. Hay que buscar apoyos. Y por ejemplo, tenemos el salón de actos que lleva el nombre de Florencio Álvarez, una fundación que nos ayuda económicamente mucho. 

¿Qué tal se llevan con las fiestas del barrio?

Nos llevamos bien. Lo que ocurre es que era mucha guerra, hay que andar puerta a puerta, lo pasamos muy mal... Según la historia, cuando se fusionaron el Concello de Canedo con el de Ourense–y esto está escrito en un documento oficial, al parecer– todas las actividades de A Ponte tenía que hacerlas el ayuntamiento de Ourense y tenían que aportar un dinero, que era sobre dos millones de pesetas. Eso se abolió. Hace años se buscó ese documento, pero no apareció. Cuando era Canedo, las fiestas las organizaba un año La Troya y al otro otra sociedad, llamada La Recreativa, que ya desapareció.

Canedo sigue muy presente en los recuerdos del barrio, ahora que se cumplen 75 años de la fusión de concellos. ¿Qué recuerdos tiene la gente?

Sí, todos los socios recuerdan. De cuando había baile los domingos, o, por ejemplo, de Los Enxebres. 

El Puente Nuevo también está de aniversario. ¿Qué significó esta obra para la ciudad?

Fue el progreso. Antes el único acceso era el Puente Romano. Dio mucha vida, pero tanto para el barrio de A Ponte como para el centro de Ourense.

¿Qué le parece la iniciativa de recuperación de la Feira do 21, vestigio de aquella época?

A mí todo ese tipo de iniciativas me parece bien, todo lo que hagas en el barrio para mí es favorable, pero hay que tener iniciativa.

A Ponte es un barrio con muchas asociaciones de vecinos. ¿Cómo es la convivencia?

Desde La Troya la relación es buena, de hecho la presidenta de la asociación de vecinos de A Ponte es socia y organizamos actividades conjuntas.

¿Qué le parece que se asocie gente de otros barrios?

Se puede anotar todo aquel que pague el recibo. Me parece bien. 

¿Qué personajes ourensanos han sido socios de La Troya?

Pues ahora mismo tenemos al escultor Buciños de socio, por ejemplo. De gente de antes ocurría una cosa, que todos los almacenistas de coloniales eran gente de poder, y por La Troya pasaron, pasó todo el poderío del Puente.

¿A los 100 años cree que llegarán? Faltan dos. 

Bueno, sí. Y más también, a mí me gustaría.

¿Qué significa La Troya?

La Troya tendría que existir siempre, por el bien del barrio. Las asociaciones están muy bien, pero todas están politizadas. Esta no. Se tiene que mantener.  Es una vía de escape en la que hay gente de todos los colores.