MÚSICA

Mitos y leyendas urbanas de la música en Ourense

¿Visitó Syd Barret el Mosteiro de Oseira? ¿Vivió Antonio Vega en O Couto? ¿Compuso el Dúo Dinámico el 'La la la' en el Hotel San Martín?

El Dúo Dinámico, Ourense y el 'La la la'.
El Dúo Dinámico, Ourense y el 'La la la'.
Mitos y leyendas urbanas de la música en Ourense

Decía mi abuela que la mejor herencia que uno puede dejar se transmite de unos oídos a otros. Mi abuela, como todas las abuelas, siempre fue más lista que el resto del mundo.

El único problema de las historias que no circulan en papel es que sobrevivan al filtro de las personas, esos seres capaces de destruir incluso cosas que no existen. Todas esas deformaciones del boca a boca pueden volver cualquier cosa real y creíble siempre que uno la quiera creer. Siempre que la cuente la persona adecuada.

Recuerdo que hace no demasiado tiempo, detrás de la barra de un bar, alguien aseguraba haber conocido a Syd Barrett, ex líder de Pink Floyd, en el Mosteiro de Oseira. "Realmente no fui yo, fue un amigo de mi padre que visitó el lugar en 1977 y bla, bla, bla".

Siempre es otro el que ha vivido las mejores historias.

La sorpresa fue mayor al comprobar cómo personas ajenas a aquel tipo y a aquel bar, también habían escuchado esa historia. Alguno se atrevía incluso a hablar de grabaciones inéditas en cassete. Canciones en gallego. Partidos de fútbol y licor café en los pueblos cercanos.

Dicen que alguien se inventó toda esta historia del verano gallego de Syd Barrett en un blog. Nadie la ha desmentido ni confirmado, pero a menudo sale en las sobremesas de algunas comidas familiares.

No es la primera aventura, ni la última claro, que se cuenta en esta terra de meigas.
Puede que estas últimas fueran las que pararon de repente el agua de As Burgas, como algunos dicen, porque Mano Negra tocaba en Ourense. Vete tú a saber que mal augurio podría traer Manu Chao para que nos avisasen de ese modo.

Quizás solo fue uno de esos cuentacuentos exagerados. Uno de esos capaces de poner la mano en el fuego para convencerte de que Enrique Bunbury, en mitad de un concierto en Os Remedios con Héroes del silencio, dio un salto apoteósico hacia el público y se cayó directo contra el suelo porque los seguidores allí reunidos decidieron no cogerlo en su vuelo. Que incluso le regalaron alguna que otra patada. Los más valientes afirman que además le arrancaron un pendiente de la oreja entre la multitud. Menuda escena. Cientos de personas impasibles mirando al pobre Bunbury sangrando.

Seguramente todo esto llegó a oídos de un Antonio Vega que por aquel entonces supuestamente vivía en el barrio de O Couto. Quizás por su miedo a que le sucediese lo mismo nadie puede decir a ciencia cierta haberlo visto paseando por la calle. Apuesto a que el estilismo de los 90 y el elevado número de drogodependientes tuvieron algo que ver en pasar desapercibido. Imagínatelo. Años conviviendo con una celebridad y ni siquiera fuiste capaz de darte cuenta.

Declara el músico en su libro 'Mis cuatro estaciones', que sí. Que tuvo residencia en Ourense, aunque la adicción compartida con su novia por la telenovela 'Betty, la fea' no le dejó tiempo para prodigarse mucho.

Como buenos gallegos nacimos desconfiados y nunca aceptaremos que muchas veces no vemos más allá de nuestras propias narices. Que una vez tuvimos a la historia tan cerca.

En mi caso es una cuestión de romanticismo. Mirar hacia atrás y no encontrar esa décima de segundo en la que nuestros caminos pudieron cruzarse.

La distancia que separa el mito de la verdad es extremadamente delgada. A veces solo es cuestión de querer creer. Al fin y al cabo vivimos rodeados de mitos inofensivos. Leyendas que nos hacen el día a día un poco menos malo.

Arranca una sonrisa el hecho de que alguien pueda haber visto a Bobby Farrell (cabeza visible de Boney M) viviendo en Lalín antes de fallecer, o que a un amigo de un amigo le robara una cazadora Raimundo Amador una noche de copas.

Vivir convencido de que el famoso 'La la la' de Massiel, fue compuesto por el Dúo Dinámico en el Hotel San Martín porque una gran nevada no los dejaba salir de Ourense y en el mueble bar solo les quedaba una botella de champán barato.

O de como Karina en los 70', tuvo que parar de cantar en mitad de un concierto en el castillo de Ribadavia porque una jovencísima fan que rondaba los 6 años, se le abrazó a las piernas cual garrapata mientras cantaba 'Un mundo nuevo'.

Podría ser cierto que Stefan Olsdal, bajista de Placebo, asistió a una actuación del extinto grupo coruñés Steelwood en la sala Clan de Xinzo. Que él y su novio, natural del pueblo ourensano, les felicitaron por sus canciones al terminar mientras tomaban unos chupitos de aguardiente de hierbas.

¿Qué más da si no es del todo verdad que Doctor Explosión se quedaron completamente desnudos durante un concierto en la sala Caritel? ¿Cuánto mal a la humanidad pueden hacer los supuestos veraneos de Julio Iglesias en las piscinas de Oira?

Decía mi abuela a menudo que la mejor herencia que uno puede dejar son esas historias que se transmiten de generación en generación, y que no siempre tienen que ceñirse a un mismo guión. Por eso, en nuestra cabeza, o al menos en la mía, todas estas narraciones serán siempre verdad. Porque nos hacen más felices.