CRÓNICA | EN OURENSE

Una panadera de toda la vida para reavivar el puesto de Pilar

Marta Blanco, ourensana y de estirpe panadera -"mis padres estuvieron 44 años al frente de una panadería", señala-, reabría ayer el legendario puesto de Pilar en la Plaza, todo un reto.

Una panadera de toda la vida para reavivar el puesto de Pilar

El que hasta hace algo más de dos meses era el "despacho" de la recientemente fallecida Pilar, la panadera de Ourense, volvía a abrir sus puertas en la mañana de ayer para satisfacción de muchos de los clientes habituales, que daban la bienvenida a la nueva responsable del puesto ubicado en lo alto del Rianxo, frente a los puestos de floristas y la escalinata principal de acceso al mercado.

Se trata de Marta Blanco, ourensana de 40 años y a la que lo de panadera le viene de familia. "A Pilar le dije más de una vez que cuando se jubilara me traspasara el establecimiento... y mira", señala sonriendo, con la satisfacción de haber conseguido "un lugar privilegiado, muy bien ubicado dentro del Rianxo, siempre me pareció así". Ella tiene, con su hermano, otro puesto un poco más arriba de "su panadería" Santa Mariña. "En ella ya empezaron mis padres hace 44 años y nosotros tomamos el testigo hace cerca de 30". Desde entonces crearon su pequeña franquicia, con locales en avenida de As Caldas, Juan XXIII o Valle Inclán. "Somos una minicadenita", indica, sonriendo.

El poso de Pilar, su reconocimiento por parte de los clientes, también pesó en la decisión. "Sabemos que vendía mucho pan y que tenía una clientela de muchos años, la gente venía de fuera para comprarle y era un referente en la Plaza y la ciudad", relata.

La nueva responsable del puesto no puede evitar su entusiasmo por este nuevo establecimiento y el reto que significa mantener el nivel de clientes que había acumulado Pilar Moure Benavides a lo largo de sus más de 70 años al frente de su atalaya del Mercado. Además de pan, incluido uno especialmente sabroso de pasas, Blanco ofrece todo tipo de productos artesanos, desde bica a rosquillas -"también muy demandadas"- o miel casera.

Los clientes no paran de animarla entre pregunta y pregunta. "Son gente de toda la vida, que de muchos he visto crecer a sus hijos; buena gente". Y buen augurio.