GASTRONOMÍA

El Porta da Aira entorna la puerta al dar las uvas

El Porta da Aira también se suma al tópico: se va un referente gastronómico. Los huevos rotos con solomillo se quedan huérfanos. Hipólito Barandela, que logró una marca, se va con el año ya disfrutar de sus 67 en adelante

Hipólito Barandela (derecha), brinda con sus empleados Víctor y Manuel.
Hipólito Barandela (derecha), brinda con sus empleados Víctor y Manuel.
El Porta da Aira entorna la puerta al dar las uvas

"Mi negocio está hecho como ha querido el cliente", dice Hipólito Barandela sin pizca de jactancia, sin ápice de nostalgia cuando está a punto de cerrar el muy célebre y celebrado Porta de Aira, en la rúa dos Fornos, en la zona de los vinos, para entendernos. Decía Óscar Wilde que "desde un buen festín gastronómico se puede perdonar a todos, incluso a los parientes" y, sin duda, unos cuantos perdones se han dispensado en este local a cuenta de no pocos festines. Moderados, pero festines a fin de cuentas. "Por aquí ha pasado todo el mundo, ya no digamos políticos, jueces o fiscales, sino también fontaneros y electricistas", recuerda el dueño del Porta da Aira, que cierra después de 26 años de actividad.

Cuando llegó Hipólito con el zurrón cargado de ilusión a la zona de los vinos "esto metía miedo, no había más que suciedad e indigencia", la gastronomía era cosa de ilustrados y paladear unos vinos, de finolis. "Estoy orgulloso de participar en la dinámica de cambio del casco histórico de Ourense", dice con un mohín de indisimulado orgullo.

Hizo de una de sus especialidades una marca: los huevos rotos con solomillo, acompañados de uno de los múltiples vinos que adornan su bodega. "Ahora ya tiene menos mérito porque los huevos rotos ya los hace mucha gente", confiesa Hipólito. Será que su competencia hace buena la frase de Arzak: "Una cosa es copiar y otra aprender de las cosas buenas que hacen los demás". El Porta da Aira "fue un referente" porque ya hay que hablar en pasado. Su dueño así lo hace cuando alude a los miles de personas que han hecho del establecimiento un distintivo y de sus productos una divisa. 


"Estoy orgulloso de participar en la dinámica de cambio del casco histórico de Ourense"


Siempre ha tenido una buena bodega, ampliada desde aquellos primeros momentos en los que "apenas había unas cuantas marcas de calidad", dice Hipólito, que añade convencido: "Para mí lo más importante siempre ha sido el cliente, intenté darle lo que pedía". Y solía pedir los famosos huevos rotos, pero también recuerda con orgullo como la fama de su famoso queso fresco —y el propio producto— viajó a demanda para paladares de Andalucía, Cataluña, Madrid y otros variados rincones.

OURENSE. 27/12/2017 Cierre del local Porta da Aira. Hipolito Barandela. Foto: Miguel AngelEl Porta da Aira cierra después de un cuarto de siglo, provocando el lógico "parece que fue ayer", que expresa su dueño. El día 30 será el último abierto al público y un día antes una treintena de habituales le darán la despedida con mesa y mantel.

Los años no pasan en balde e Hipólito, de 67 años, se retira a descansar. Estaba de inquilino en un local que ha pasado a otros propietarios que compraron el edificio entero. Nada sabe qué habrá allí después. Hipólito se encoge de hombros. "Tengo vida, no puedo estar siempre aquí", dice. Y se va.