REPORTAJE

“Sor Juventud" no recibe llamadas

Las monjas de Ourense superaron hace tiempo su periodo de prueba. En las comunidades religiosas femeninas de la provincia escasean las novicias y la crisis vocacional preocupa al obispo de Ourense y al Papa. 

Un grupo de religiosas de las Carmelitas Descalzas, durante una misa celebrada ayer por la tarde en su iglesia.
Un grupo de religiosas de las Carmelitas Descalzas, durante una misa celebrada ayer por la tarde en su iglesia.
“Sor Juventud" no recibe llamadas

María Clara Pilar de la Eucaristía se siente la abeja de un panal. "Vivimos en celdas, pero no son cárceles. En nuestras habitaciones hacemos miel, es el lugar de retiro", cuenta la Madre Superiora de las Carmelitas Descalzas en Ourense. La crisis vocacional no cabe en su metáfora: "Tenemos una novicia y una diseñadora de alta costura que lleva dos años en seguimiento. La novicia tiene su hora para correr y da vueltas por el huerto en bicicleta. Clausura es un término que no nos define, somos de vida contemplativa". En el anverso de esta idílica colmena de religiosas, la Madre Flora Rodríguez, de la comunidad franciscana, sentencia con humor: "Non hai monxas porque hai poucas que queiran selo".

Según el último padrón de Vida Consagrada del Obispado, hay 363 religiosas repartidas en 28 comunidades en la provincia. El relevo generacional inquieta al obispo, tal y como manifestó en una entrevista reciente: "Me preocupa mucho que no encontramos vocaciones femeninas. Tenemos una sociedad compleja donde los valores religiosos no están de moda". En la XXII Jornada Mundial de la Vida Consagrada, celebrada este viernes, el Papa pidió custodiar el don: "La vida frenética de hoy lleva a cerrar muchas puertas al encuentro. Que no sea así en la vida consagrada . No vaya a suceder que miremos más la pantalla del teléfono que los ojos del hermano".

Tres no son multitud

En la Casa diocesana de Ejercicios, tres monjas peruanas sonríen al que llega. "Yo soy la mayor, tengo 43 años", dice tímidamente la madre Gabina Santé. Es la superiora de las Hijas de la Divina Providencia, la comunidad más pequeña de Ourense. Llegaron hace seis años a la ciudad. "Somos solo tres, en Pontevedra también tenemos religiosas". La falta de vocaciones la atribuye al consumismo: "A los jóvenes les está atrapando. Solo ven las cosas materiales y no la obediencia, el sometimiento a la voluntad del Señor. Toda vida tiene un sacrificio, una cruz", explica. Como a Leonardo Lemos, la cuestión le aflige: "Sí, ahora mismo las vocaciones son una preocupación. Hay religiosas que están cinco o seis años y después abandonan".

Las Franciscanas de Nuestra Señora de la Saínza también pierden refuerzos. "Estamos solo dúas, eramos cinco pero están en misións. Agora mandarán outras dúas", confía la Madre Flora. "Faltan moitos fogares cristiáns. Non son as casas do noso tempo, onde os pais eran profundamente cristiáns e a fe aprendíase dende a casa. Cando eu era nena, se nos puña a liña", sonríe. Al cambio de modelo familiar suma una obviedad católica: "Ten que saír dos pais,si. Pero que o Señor nos chame. Porque isto, ao final, é unha chamada e, se non chama, non hai esa vocación", aclara.

A los padres vuelve la Madre María Delia García, superiora de la comunidad de las Siervas de San José, dedicadas a la enseñanza: "En las familias está la raíz de las vocaciones. Hay realidades sociales que, sin querer, penetran en las casas. Hoy fallan los valores", sentencia la religiosa. Quedan nueve monjas en la comunidad de Josefinas. La más joven tiene 60 años. La congregación de las también conocidas como butiñanas tiene otras dos sedes en la provincia: en A Valenzá, la más multitudinaria: 25 monjas según el padrón de Vida Consagrada. En la Avenida de Zamora, cuatro siervas más.

Las jóvenes calasancias están en Camerún o en la India, en misiones. "Todas lo hemos hecho", dice la Madre Juana Figueras, superiora de la comunidad de la calle Santo Domingo, en la que comparten oración 14 religiosas. "A Ourense también vendrán las jóvenes, si Dios Quiere", reza. El "divino tesoro" lo guardan las universitarias que viven en la residencia. La monja más joven tiene 70 años. "A las niñas no les preguntamos si sienten la llamada, son decisiones muy particulares", explica la Madre Juana Figueras. "La vida que se lleva hoy es disoluta, un poco complicada y además hay muchos hijos únicos en las familias", añade.

“El carmelo va a brotar"

A las Carmelitas Descalzas les encanta la música. Lo dice la superiora, la Madre María Clara. También disfrutan formándose en teología y otras materias y hacen deporte. "Renunciamos a determinadas cosas para hacer otras importantes, pero la clausura no es una reja. Yo vine a la congregación cuando tenía un trabajo muy importante. Creo que es mejor así, tener experiencias en la vida antes de esta decisión. Los tiempos cambian", reflexiona la superiora, que se siente una joven más. "El carmelo va a brotar, hay esperanza". "Sor Juventud" espera la llamada.