REPORTAJE

El "Valle Inclán", medio siglo después

Hace medio siglo, dos de los más importantes hombres del teatro de España, el crítico, actor y director Modesto Higueras, y el director José Tamayo, declaraban que Segundo Alvarado-Feijoo Montenegro era el mejor director de teatro no profesional que habían conocido

El grupo al completo, en 1966.
El grupo al completo, en 1966.
El "Valle Inclán", medio siglo después

Ocurrió en Murcia, en abril de 1966, luego que el Grupo de Teatro Juvenil de Ourense ("Valle Inclán") fuera declarado ganador del Certamen Nacional de Teatro Juvenil, celebrado en el espectacular Teatro Romea, con el drama de Fritz Hochwälder, “Donadieu”.

Para calibrar el alcance de estas dos autorizadas opiniones el reconocimiento que les mereció Alvarado y los muchachos ourensanos que dirigía, conviene recordar quiénes eran ambos personajes. El director teatral Modesto Higueras se inició en el mundo del teatro como actor en La Barraca, de García Lorca. Dirigió el Teatro Español y el Teatro Nacional de Cámara. A José Tamayo Rivas se le considera uno de los más importantes directores teatrales de España. Fundó la Compañía Lope de Vega. Sus grandes espectáculos de zarzuela dieron a conocer dicho género lírico por todo el mundo. Fue director del Teatro Español, fundador del Teatro Bellas Artes y director del Teatro Lírico Nacional. Destacó por dar a conocer al público español en la década de los 50 las obras de autores como Tennessee Williams o Arthur Miller.

Pese a este aval y reconocimiento, Alvarado era un hombre sencillo y exigente en su vocación teatral. Hasta su muerte en 2007 nunca abandonó la escena, salvo cuando le faltaron fuerzas para mantener el ritmo creativo. Dueño de una de las mejores bibliotecas de teatro de España, logró los mayores éxitos alcanzados nunca por el teatro no profesional de Ourense: que su grupo ganara el mismo año de 1966 el Certamen Nacional de Teatro Juvenil en Murcia y el Galardón del Duero en Zamora.

50 años después, los supervivientes leales de Alvarado han vuelto a reunirse con el fin de rememorar, al menos simbólicamente, lo que significó la década de los sesenta del pasado siglo para el teatro ourensano, en aquel momento en la vanguardia de las obras montadas, sorteando la censura.

En su día, La Región dio cumplida cuenta de las efemérides teatrales de 1966, como daba puntualmente noticia de las andanzas por España de los chicos de Alvarado Arturo Lezcano, que era una especie de cronista oficial del grupo que actuó incluso en los Festivales de España en el parque de Castrelos de Vigo.

La etapa del Teatro de Cámara
En el Arquivo Sonoro de Galicia se guarda una copa digitalizada de una de las joyas que nos legó Alvarado. Se trata de dos monólogos, grabados, respectivamente, por Chonina Vilanova y Rebeca López de Turiso. Fueron presentadas en su día en el Museo Provincial de forma original: un escenario vacío, un magnetófono para reproducirla y el público.

La primera obra se titula “Antes del desayuno”, de Eugene O'Neill. La protagonista es la señora Rowland, a la que uno se imagina recién levantada, despeinada y en bata de casa. La obra es un largo monólogo. Mrs. Rowland habla y no para de hablar, poniéndonos al tanto de su situación personal y conyugal, de las acciones desventuradas de su marido, de la precaria economía familiar, de la infidelidad actual que ha descubierto.  O'Neill resuelve magistralmente la cuestión del interlocutor al poner a una mujer que interpela a su marido al que cree semidormido en la cama. Cuando finalmente descubre la sábana, se da cuenta de que ha estado discutiendo con un muerto. El hombre se ha suicidado porque no puede aguantarla.

La otra pieza singular es “La voz humana”, de Jean Cocteau. Es una tragedia de un solo personaje que habla por teléfono con su amante que la ha abandonado. Todavía hoy, la ternura de Chonina Vilanova pone los pelos de punta. Alvarado respetó el montaje musical e intercaló en algunos momentos un breve fondo de piano.
De aquella etapa del Teatro de Cámara, aparte de las citadas Chonina Vilanova y Rebeca López de Turiso, se recuerda especialmente las voces y presencia de Guadalupe Espinar y Alberto Fernández.

Del Teatro Juvenil al “Valle Inclán"
Tras la etapa del Teatro de Cámara, Alvarado pone en marcha con jóvenes actores que sustituyan a la generación anterior el Grupo de Teatro Juvenil de Ourense, que más tarde se llamará "Valle Inclán". Es el tiempo de Manuel Vidal, Manuel Fernández Sampayo, Dora Espinar, Fernando Ramos, José Manuel Blanco Gil, Mari Luz GarcÍa, Marina Gloria Pérez, Miguel Angel Gómez, Mari Carmen Sueiro, Vicente V. Losada, Marisa Calvo, Rafael Huete, Mary Paz García, y el recuperado Alberto Fernández. Más tarde aparecen Fernando Gabelo, Eduardo Rego, Melucha Rodríguez, Rosita Belón, Remedios García, Jorge González, Raúl García, Modesto Vázquez, Carlos Conde, Camilo González Salgado, las hermanas Carballo, Alberto Carlos, Abelardo Pérez Gabriel y Carlos García Manzano.

La relación de las obras montadas por Alvarado en este periodo resulta un compendio expresivo de la historia del teatro universal, incluso menos conocido en los circuítos comerciales. Y así, los jóvenes actores representan a Eugene O'Neill, Antón Chejov, Yukio Mishima, Valle Inclán, Cervantes, Anouilh, López Cid, Hochwälder, Cunqueiro y otros muchos. 

En esos años, el grupo ourensano es invitado a Festivales de España y al Certamen de Teatro Clásico de Málaga. Jóvenes aficionados van cubriendo las filas de los que van dejando los veteranos que se retiran y Alvarado sigue montando obra tras obras con idéntico éxito.

El coreógrafo Raimóndez, el genial “Sheridan”
Un elemento decisivo en la etapa del Teatro Valle Inclán lo constituyó el coreógrafo Eduardo Ramóndez, “Sheridan”. Sus montajes, pese a la sencillez de los medios empleados, creaba para cada obra el ambiente necesario, incluso en los escenarios más complicados, como la “Antígona” de Anoulh en el Teatro Romano de Málaga o el espectacular interior del castillo de “Donadieu” de Hochwälder en el parque de Castrelos de Vigo. El Grupo Valle Inclán disponía de un local de ensayo, cedido por la Diputación, en lo que había sido la Caja de Reclutas. Todavía parecen resonar por aquellos pasillos las voces de los jóvenes actores, repitiendo escena tras escena hasta la perfección.

Alvarado era tan perfeccionista, que para preparar un duelo en la obra “Donadieu”, en el momento cumbre del drama –la obra más premiada del entonces Teatro Juvenil de Ourense- trajo a un maestro de esgrima, el recordado Osorio. Para los montajes, el vestuario se encargaba a Peris Hermanos, de Madrid, como en las películas de Samuel Bronston, y hasta se incorporaba una sastra de la casa en las giras. En el equipo de Alvarado no faltaba nada, hasta una maquilladora profesional, Mari Carmen Blanco.

Hoy otros jóvenes, grupos, experiencias, grupos y montajes ocupan con reconocido éxito la escena ourensana, pero en el recuerdo sigue viva la presencia de los chicos de Alvarado. Los supervivientes de aquel elenco más perseverantes, Fernando Gabelo y Marisa Calvo, fundaron en 2003 el grupo “Palabra Viva”, pero todos los demás esperan poder, por fin, poder volver a demostrar, aunque sea breve y simbólicamente la razón de la fama que alcanzaros. 

Yo fui uno de ellos.