TRIBUNALES

El joven sin un testículo por una patada siente "vergüenza"

El hombre que lo agredió asegura que no quería causarle daño y que se defendió de un ataque previo

Julio G.F
Julio G.F
El joven sin un testículo por una patada siente "vergüenza"

En el juicio celebrado ayer en la Audiencia de Ourense quedó claro que la pérdida traumática de un testículo es siempre una desgracia. Tanto para la víctima, un joven de 23 años que incluso requirió tratamiento psicológico porque las secuelas le provocan vergüenza, como para la persona que dio la patada, y que podría acabar unos cuantos años en la cárcel.

Julio Fernández (66 años), quien se enfrenta a una petición de hasta seis años de prisión por un delito de lesiones (artículo 150 del Código Penal), asegura que la patada del 26 de julio de 2015 no fue intencionada, e hizo un ejercicio de síntesis cuando valoró lo ocurrido: "Dunha tontería pode pasar unha desgracia".

Según su versión, se dirigía junto a sus dos perros  a una finca para desbrozarla cuando el denunciante pasó a su lado y casi arrolla a los canes. El joven, un vecino de Punxín, se bajó de la furgoneta pero en una "versión extraña": "É un rapaz o que teño en especial consideración, o vin nacer, pero do coche baixou un Manolito que non coñecía, furioso e moi enfadado, recriminándome que lle tocara o parabrisas cunha raqueta das moscas", explicó el acusado. Instantes después, según esa versión, lo sujetó por los pelos e intentó arrojarlo al suelo.

El acusado encuadró la patada, de la que no fue consciente porque el joven se subió al vehículo sin quejas ni alaridos, dentro de un contexto defensivo. Y preventivo: Julio Fernández portaba una guadaña y una horquilla en el brazo izquierdo y, tal como él relató a la sala, le entró pánico por si alguien resultaba herido.

La versión del perjudicado fue otra, aunque coincidente en que Fernández le golpeó el vehículo con la raqueta al pasar al lado de los perros. Después, se bajó para recriminarle su actitud. Pero, según el joven, en ningún momento lo acometió. Asimismo, reconoció que, tras la patada, se subió al coche porque el dolor no fue inmediato. Aunque no tardó, lo que le obligó a detener la furgoneta y llamar a su padre. Una vecina que declaró como testigo escuchó: "Tuve una agarrada con Julio, me dio una patada en los testículos y me están hinchando", relató.

La víctima explicó que la pérdida de uno de sus genitales le provoca vergüenza (fue derivado desde el servicio de Urología a Psiquiatría) y hasta dejó el equipo de fútbol en el que jugaba. "No querían que en el vestuario me miraran", explicó.

Las penas: entre seis años de cárcel o multa

Tanto la fiscal como el letrado de la acusación particular piden penas de prisión (entre cuatro y seis años de cárcel) por entender que hubo intención de causar daño. La defensa, por contra, planteó una alternativa de lesiones culposas no dolosas (imprudencia menos grave por una patada no intencionada), reclamando tres meses multa a razón de seis euros. E invocó la atenuante de reparación del daño porque el acusado envió a la Corporación de Punxín  un escrito en el que se disculpaba públicamente. En un principio, planteaba la absolución por una eximente completa de legítima defensa. Y recordó que el joven tenía laceraciones en las manos que evidencian una "agarrada" entre ambos.

La fiscal, en su informe final, recalcó que "una patada testicular, fuerte e intensa, no es un caso fortuito". La acusación particular defendió la elevada petición de prisión en base a que entiende que concurrió un abuso de superioridad dado que el acusado tiene conocimiento de artes marciales (cinturón azul de taekwondo). También aludió a una recogida de firmas entre los vecinos de Punxín dando cuenta del carácter "violento y amenazador de Julio".

La fiscal fijó la indemnización en 45.674 euros y la acusación particular en 73.154 euros.