CRÓNICA

El triunfo de la coherencia

La banda británica Iron Maiden descargó su mejor música ante miles de seguidores en el estadio Wanda Metropolitano de Madrid, el único concierto en España con motivo de la gira "Legacy Of The Best".

Los británicos Iron Maiden, el sábado durante el concierto en el estadio Metropolitano.
Los británicos Iron Maiden, el sábado durante el concierto en el estadio Metropolitano.
El triunfo de la coherencia

Iron Maiden, banda emblemática y carismática donde las haya en el mundo del heavy metal, ofreció en Madrid su único concierto en España de la gira "Legacy Of The Beast", un espectáculo realmente muy especial por muchos motivos, y que marca un antes y un después en la historia de la banda británica en relación con sus seguidores españoles y con el mundo de la música en general en nuestro país.

En primer lugar, Iron Maiden, después de décadas de tocar en toda clase de esecenarios en nuestro país, desde los pabellones de deportes de ciudades como Barcelona o Donosti en los años 80 a clubes como el legendario Canciller de Madrid, llenaron un estadio, el Wanda Metropolitano del Atlético de Madrid, vendiendo una cifra cercana a los 55.000 billetes. Ello coloca a Iron Maiden ya al nivel de los grandes del mainstream del rock, de grupos como Bon Jovi, Bruce Springsteen, U2, Rolling Stones, Guns N'Roses o Roger Waters, los nombres más representativos del llamado “rock de estadios”.

Años y años de giras y conciertos en los que siempre lo han dado todo con una profesionalidad total y absoluta, la fidelidad a un estilo, a una personalidad y a una actitud que sus seguidores aprecian y agradecen con esa misma fidelidad que les han convertido en unas estrellas del rock cuyo poder de convocatoria se ha demostrado inmenso en este reto de llenar el Metropolitano, que muchos medios calificaron en su momento de suicida. Siendo además Iron Maiden máximos exponentes de un estilo como el heavy metal, tradicionalmente poco valorado y con frecuencia ninguneado en los medios generalistas, cabe esperar que ese prejuicio ya tarde muy poco en desaparecer a la vista de lo acontecido el sábado por la noche en Madrid.

En segundo lugar, porque el show de Iron Maiden es en esta gira el más ambicioso, trabajado y espectacular que ha hecho nunca en su historia, y afirmo esto de un grupo que a lo largo de su carrera ha hecho de ofrecer en sus conciertos impactantes montajes escénicos una de sus señas de identidad más claras. Para esta gira, en lo visual han subido la apuesta hasta el extremo de que por momentos parece que estemos en una auténtica función de teatro musical.

Incluso la forma de interpretar cada una de las canciones del concierto por parte de su frontman Bruce Dickinson me hace pensar que para esta gira haya tomado lecciones de arte dramático. Si desde luego no faltan elementos del atrezzo clásico de Iron Maiden, como el “Eddie” de tres metros que en esta ocasión se enfrenta durante de “The Trooper” en un duelo de sables a un Dickinson que le derrota blandiendo una bandera española, marcan momentos especialmente memorables en este sentido el arranque de concierto con un avión "Spitfire” de tamaño natural que corona el escenario mientras atacan su tema dedicado a las hazañas de los aviadores ingleses en la II Guerra Mundial, “Aces High” o el gigantesco Ángel que aparece tras la batería para la interpretación de “Flight Of Icarus”, una canción poco habitual en el repertorio de la banda en los últimos tours, que narra la historia del mito griego de Ícaro.

En lo musical, el concierto es impecable. La banda esta en un perfecto estado de forma, han elegido un repertorio que les permite hacer un concierto intenso, potente, que sigue estando a la altura de lo que el fan de heavy metal espera del grupo, pero que al mismo tiempo les permite dosificar fuerzas merced a la inclusión en el set de canciones más tipo medio, más progresivas (“Revelations” o “Sign Of The Cross”) para que de esta manera, cuando hay que meter la directa en los clásicos que sus seguidores más veteranos esperan, el grupo se emplee a tope. Y así sucede tanto en la primera parte del show, con temas que en Madrid brillaron con luz propia y sonaron con una fuerza descomunal como “Two Minutes To Midnight” y “The Clansman”, como en el final del concierto, con “The Number Of The Beast”, y en el bis final con “Hallowed Be Thy Name” y “Run To The Hills”. Quizá inevitablemente por la estructura del espectáculo, tiene la contrapartida negativa de ser un show que es necesariamente idéntico en todos los aspectos de uno a otro en la gira, y en el que el espacio que queda para la improvisación es inexistente. Pero tampoco tengo la impresión que ello preocupe a sus fans.

Queda en nuestra retina la impresionante imagen del estadio lleno, con gente de cuatro generaciones distintas unidas en la fidelidad a toda la estética, la actitud, la cultura que el heavy metal ha generado a torno a su idiosincrasia y un grupo que desde su formación a mediados de los 70 y a pesar de los vaivenes que desde entonces se han vivido en la historia del rock siempre mantuvo su personalidad, su filosofía, su liderazgo dentro de un estilo musical al que le han dado muchos de sus referentes y que ahora ve reconocido ese trabajo de décadas llegando a los escenarios de los grandes de verdad en la historia del rock. Es posible que en próximas giras quizá sus montajes no sean tan ambiciosos como el que les llevó a Madrid el pasado sábado, pero de lo que no cabe duda es de que su lugar a partir de ahora en nuestro país esta en los recintos reservados a las leyendas del rock.