PAPELES DEL ROCK

… y las palabras del profeta tomaron forma de blues

La última década de trabajo de Van Morrison ha sido tan desconcertante y fascinante como desigual

Van Morrison.
Van Morrison.
… y las palabras del profeta tomaron forma de blues

En palabras textuales del diario USA Today en referencia a"The Prophet Speaks", la nueva entrega discográfica del León de Belfast que creador de aquel himno de leyenda llamado “Gloria”, se dice: “El Morrison rural y apegado a las raíces de 'Tupelo Honey', el viajero celestial y el cantante celta que compartió sus antiguos himnos a lo largo de los años 80, sucumbió a su nueva personalidad como un trovador intemporal de aroma claramente vintage. El profeta está hablando alto y claro y en su discurso, se nota que está contento con el lugar al que ha llegado”.

Desde 1974, el año en el que editó "Veedon Fleece", Van Morrison ha luchado no siempre con la misma fortuna en su resultado final para crear un cuerpo consistente de trabajo artístico que le sitúe entre las leyendas del rock. Alguno de esos logros en los años 80 fueron "Inarticulate Speech of the Heart" y "Irish Heartbeat", pero a pesar de otros periodos en los que evidenció una clara desorientación, el León de Belfast siempre se exigió a sí mismo recuperar la inspiración que le ha convertido en un referente para varias generaciones del rock. 

"The Prophet Speaks" marca el 40º álbum de estudio de Van the Man desde su debut como solista en 1967. Cuatro de esos álbumes han sido lanzados en los últimos dos años. Es una hazaña increíble y si bien como he señalado antes, quizá no valga la pena escuchar los 40 álbumes, muy pocos pueden reclamar un hito como ese para que figure en sus biografías.

La última década de trabajo de Van Morrison, probablemente como no puede ser de otro modo en un artista tan singular y controvertido, ha sido tan desconcertante y fascinante como desigual. A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos de los 70, su producción a los 73 años de edad no ha hecho sino aumentar con la edad en los últimos tres años. El cantante ha salpicado ocasionales momentos de brillantez  -"Keep Me Singing", 2016 – con otros algo más discutibles,  - ‘Roll With The Punches’ - lo cual seguramente no debe extrañarnos en alguien que lanzó un disco llamado ‘A Period of Transition’ en 1977.

En una de las raras ocasiones en las que Van Morrison, conocido en el mundo del rock por su carácter desagradable, hosco y fácilmente irascible, concedió recientemente una entrevista en la prensa inglesa, afirmó que la razón por la que solía editar dos álbumes al año de media durante estos últimos tiempos era simplemente para mantener su cabeza fuera del agua financieramente hablando. A pesar de que ahora es uno de los artistas más alabados del mundo y multimillonario a pesar de esas declaraciones, su calvinista ética de trabajo le ha hecho someterse a esa rígida disciplina creativa, que en estos días le ha devuelto a la actualidad merced a un disco como "The Prophet Speaks". 

Al igual que sus precursores recientes, "The Prophet Speaks" es una mezcla de clásicos del jazz y el blues, en los que reinterpreta y da su personal versión a piezas de Sam Cooke, - “Laughin and Clownin” -  John Lee Hooker, - “Dimples” – Solomon Burke, - “Gotta Get You Off My Mind” y Willie Dixon, - “I Love the Life I Live” - junto con seis de sus nuevas composiciones. Una fórmula que ya ha explotado en otras entregas, como "Versatile" y "Roll with the Punches".

Hacer un comentario crítico sobre este álbum es relativamente fácil por un lado, aunque muy complejo por otro. De entrada, creo que es de los mejores discos que ha editado recientemente, es un disco realmente brillante, quizá porque incluso siendo un disco que mira hacia el pasado, esa mirada es quizá la que menos podíamos esperar. Todavía puede ser conmovedor escuchar a Van Morrison volver a sus raíces primordiales, escucharlo aún tan inocentemente inspirado y reverente a sus ídolos a pesar del valor de medio siglo de perspectiva que ahora aporta a ese material. Tanto en las piezas más jazzísticas como en los blues. 

Desde los compases de apertura del álbum en “Gonna Send You Back to Where I Got You From” de Eddie "Cleanhead" Vinson, nuestros sentidos quedan envueltos en una suerte de estado de nirvana con toda seguridad muy similar al que el nuestro hombre debió experimentar grabando este disco en el estudio. Es sabido que Morrison comparte su zona de confort en los últimos tiempos con el multi-instrumentista Joey DeFrancesco y su banda. Acertada elección. DeFrancesco, conocido por su trabajo al lado de Miles Davis, Ray Charles y Jimmy Smith entre otros iconos, y cabe imaginar lo relevante que ha sido su aportación también en piezas como el adictivo "Got To Go Where the Love Is", que suena como una gema de R&B perdida de los 70, o "Ain't Gonna Moan No More" blues inquieto que nos muestra a ese Morrison maduro, meditando sobre una vida dedicada a la música de culto. En su versión de "Laughin and Clownin", su voz se agrieta y gime a través del espíritu de Sam Cooke, impregnando la canción de una nueva profundidad que sorprende y fascina al escucharla.

Pero, aparte de algunos de esos momentos, "The Prophet Speaks"se siente, se escucha y entiendo que se puede valorar como otro gesto obstinado de autodeterminación de un artista que ha pasado toda su carrera buscando su lugar tratando de ir más allá de todas las categorías preexistentes y situándose por encima de las etiquetas al uso. 

Fue Bob Dylan quien dijo una vez que los álbumes son solo una recopilación de momentos que capturan cómo suenan las canciones el día en que se graban, pero no mucho más allá. No estoy seguro de que siga pensando lo mismo si escucha este álbum.  

"Cuando el profeta habla, no necesita ninguna explicación", canta el genio norirlandés en la última pista del disco. Lo último de Van Morrison es una prueba más de que aún es uno de los cantantes más incomparables de su generación, pero es difícil no preguntarse qué pasaría si abrazara su mística interior una vez más.