SEITURA

Allariz, donde la siega es una fiesta

Y después de San Benito... ¡la "seitura"! En Allariz, lo tienen claro, no es verano si no hay fiesta. Por eso, en Queiroás da Igrexa tiraban de hoz y sombrero para revivir viejos quehaceres del campo en la primera fiesta etnográfica del año.

Foto de familia de los hombres y mujeres que ayer hicieron posible la decimoquinta edición de la "seitura", en Queiroás da Igrexa.
Foto de familia de los hombres y mujeres que ayer hicieron posible la decimoquinta edición de la "seitura", en Queiroás da Igrexa.
Allariz, donde la siega es una fiesta

Unos doce segadores, alguno de los cuales rondaba ya las 80 primaveras, desfiló ayer por el Campo de O Bacelar para participar en la representación de la "seitura", con la que se inician en Queiroás da Igrexa (Allariz) las fiestas etnográficas del ciclo del pan. "De representación nada, aquí los hombres trabajan en serio", comentaba bajo la arboleda una pareja procedente de Euskadi. 

Fueron varios los grupos de curiosos que ayer se acercaron hasta el pueblo para revivir cómo era una jornada de trabajo en el campo, donde hombres, mujeres y niños compartían los quehaceres con un fin común. "Fomos acostumbrados ao malo, así que nada nos mete medo", aseguraba Alfredo Iglesias, uno de los más veteranos de la finca , de donde se extrajeron unas 25 "pousadas" que posteriormente se llevarán a "mallar", en la previa a la "moenda" y la "fornada" que, allá por el mes de agosto, permitirá degustar panes, bicas y empanadas 100% alaricanas. 

A sus espaldas, Iglesias lleva toda una vida dedicada al campo, incluidos los 15 años que participó en las labores de la siega en Castilla. "Alí traballábase non de sol a sol, senón de sombra a sombra. Non tiñas un descanso", recordaba. Jornadas maratonianas que se unía a los eternos viajes en tren o camión, y la soledad del emigrante, siempre "morriñento" de su tierra. "Eu cheguei a ir algún ano co meu pai, pero alí nin me falaba. Non podía, tíñase que impor", recuerda Iglesias. 

A su lado, Paco Fernández atiende con añoranza los relatos de otro siglo, de otros tiempos. "Sendo rapaz estaba anotado para marchar nunha cuadrilla, pero os meus pais non me deixaron ir… Que desgusto levei!", confesaba.

La hortera
Quien sí estuvo, hasta en cuatro ocasiones, en tierras de Castilla la Nueva y la Vieja, fue Guillermo Quintana. "Eu fun nos cincuenta, pero o meu pai xa fóra no ano 1902", comenta. Más de medio siglo después de su experiencia en la meseta, Quintana aún recuerda la hortera en la que se hacía una mezcla de agua, aceite y vinagre en la que después untaban el pan para saciar el hambre y la sed.
Nada que ver con el ágape con el que obsequiaron a los presentes en O Bacelar a media mañana, donde no faltaron los chorizos, la tortilla de patata o las sopas de vino. Y de postre, leche frita, rosquillas o bizcochos. "Collede, collede. Tendes que repor as forzas!", animaban las mujeres mientras pasaban con las bandejas por la arboleda de Queiroás. 

Revivir las historias de vida de nuestros antepasados y transmitírselo a las nuevas generaciones en un ambiente festivo y de convivencia vecinal, es el objetivo del grupo Espiga Mallada encargado de la organización. "Hoy los niños lo ven y lo viven como una fiesta, no son capaces de ver las dimensiones de aquel trabajo, en definitiva, de aquellos tiempos", señalaba su portavoz, José Manuel González, que recordaba como la siega en Castilla "permitía a muchas familias ganar dinero para todo el año. Otros lo invertían en comprar una vaca o un cerdo". "E tamén había quen ía a Castela a gañar diñeiro para pagar as débedas", recuerda entre risas Alfredo Iglesias.