XORNAL ESCOLAR

Consumo de sustancias adictivas

Representaciones sociales, norma subjetiva y prevención de drogas

Un joven haciendo un cigarro de marihuana.
Un joven haciendo un cigarro de marihuana.
Consumo de sustancias adictivas

El consumo de sustancias adictivas no es un fenómeno exclusivo de la modernidad, como a menudo se piensa. El uso de drogas para obtener efectos euforizantes y psicodélicos ha sido documentado en las civilizaciones pretéritas y han acompañado al ser humano casi desde siempre. No obstante, su incidencia, prevalencia y sus consecuencias sanitarias y sociales tienen repercusiones como nunca antes habíamos visto; constituyendo uno de los principales motivos de preocupación social, tal como se constata reiteradamente en los barómetros publicados por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

En un mundo dominado por las tecnologías de la información, es mucha la información que recibimos a diario sobre temas relacionados con las drogas en forma de anuncios, informes, mensajes, noticias, sucesos… que pasan a integrar nuestra representación social sobre el tema. Desgraciadamente mucha de esta información no es rigurosa. Así, habitualmente, los mass media – de modo especial informativos televisivos y prensa escrita- tratan la información relacionada con las drogodependencias con dramatismo, sensacionalismo y con absoluta falta de rigor lo que provoca una distorsión en las representaciones sociales y mentales que los jóvenes construyen sobre el tema. Las representaciones sociales constituyen una forma de conocimiento cotidiano, como lo es el “sentido común”, cuyos contenidos son caracterizados y validados, en tanto que son compartidos socialmente. Este conocimiento es adquirido a través de la experiencia, de la información suministrada por el medio, y de modelos de pensamiento, los cuales son recibidos y transmitidos mediante la tradición cultural, la educación y fundamentalmente por los medios de comunicación social.

Representantes sociales

Asimismo, las representaciones sociales determinan el desarrollo de valores y creencias, que a su vez modelan las actitudes grupales, influenciando con ello en las nociones de favorabilidad y desfavorabilidad hacia el consumo de ciertas sustancias y en las tendencias de comportamiento específico ante ellas. 

Así la cuestión, la actitud hacia el consumo de drogas está determinada, entre otros aspectos, por el conjunto de creencias relacionadas sobre las consecuencias que provoca el consumir drogas, por cuanto de normativo es esta conducta y por la evaluación que el individuo les atribuye a tales aspectos. Sin embargo, esas creencias pueden reforzarse no solo en base a las creencias y experiencias individuales, sino también debido a lo que en psicología se denomina norma social percibida. Con dicho concepto aludimos a un razonamiento que pone de manifiesto la presión social percibida, por la persona que va a realizar la conducta, respecto a la sanción social o consecuencias positivas o negativas relacionadas con la ejecución o no de la misma. La norma subjetiva percibida está determinada por dos componentes: i) la percepción de que otras personas importantes para el sujeto aprueban su conducta (creencias normativas); y por  ii) la motivación del propio sujeto para acomodarse a las expectativas o deseos de esas personas (motivación de ajustarse). Por ejemplo, si el joven percibe que el consumo de cannabis es aceptado socialmente y muy extendido entre sus iguales, esta creencia ejercerá una importante influencia sobre su intención de consumir dicha sustancia.

Estadísticas

Por otra parte, tal como ponen de manifiesto las dos principales encuestas realizadas por el Plan Nacional sobre Drogas (las encuestas ESTUDES y EDADES), la principal vía de información sobre drogas son por este orden: los medios de comunicación, el grupo de iguales e internet, canales informativos que no garantizan una información rigurosa y sistemática del tema, por lo que es probable que se esté  sobredimensionando la prevalencia de ciertas drogas y con ello estemos facilitando su consumo.

Es por ello capital tener en cuenta que la información es una condición necesaria, aunque no suficiente para que tenga lugar una conducta saludable, pero para ello esta debe ser rigurosa. Mi experiencia clínica, docente e investigadora durante más de dos décadas me ha permitido contrastar que los jóvenes tienen una idea altamente distorsionada sobre la prevalencia de determinadas drogas, aspecto que supone un verdadero obstáculo para la tarea preventiva, tal como reconocen los principales expertos internacionales en prevención de drogas. Es por tanto urgente y necesario, emprender acciones dirigidas a la corrección de estos aspectos, por ejemplo realizando acciones formativas dirigidas a los profesionales de los medios de comunicación sobre cómo tratar la información sobre drogas.