RELATO

"El viaje de Marco", de Breixo Gómez

Breixo Gómez Rodríguez, del colegio Carmelitas, realizó este relato, con el que ganó la categoría 11-12 años de la II edición del concurso "El Jardín de las Letras", convocado por la Escuela de Salud del Centro Médico El Carmen

"El viaje de Marco", de Breixo Gómez

Marco, de doce años, vivía felizmente con su familia en Valencia. Su hermana Marta, dos años menor que él, era muy traviesa y siempre estaba fisgoneando en sus cosas y eso a Marco le fastidiaba mucho, porque era muy ordenado y no soportaba que todos sus libros estuvieran descolocados.

A Marco le gustaba mucho viajar y todos sus ahorros los gastaba en libros sobre ciudades curiosas a las que le gustaría viajar cuando fuese mayor, tuviese un trabajo y pudiera permitírselo, ya que ahora mismo era consciente de que sus padres no podían cumplir sus sueños, pues no pasaban un buen momento económico.

Una tarde al salir del colegio, y como hacía a menudo, entró en la librería que había justo al lado del colegio y se puso a ojear un libro que le llamó la atención. Se titulaba “La Vieja Auria” y en la portada aparecía una ciudad rodeada de humo procedente de una impresionante fuente.

Llevaba un buen rato hojeándolo, cuando el librero se le acercó y le preguntó si estaba interesado en el libro. Marco se sobresaltó y asintió tímidamente, pero sabía que no tenía dinero para comprarlo. Con tristeza, colocó el libro en la estantería y cabizbajo se despidió del librero, pero éste, cuando el niño estaba saliendo, le preguntó por qué no se lo llevaba y él le contestó con tristeza que no tenía dinero.

El librero, al verlo tan triste, le preguntó si aún tenía tiempo para quedarse un ratito más, el niño extrañado contestó que sí. Ven y siéntate , le dijo, voy a contarte una historia.

Yo nací en esa ciudad, comenzó el librero, es una ciudad mágica, a la que vuelvo siempre que puedo. Pasear por sus calles te hace soñar y esa fuente que ves en la portada es real, son Las Burgas, el agua que mana de ella es muy caliente y cuando yo era pequeño, nuestras madres iban a buscarla porque en casa no teníamos agua caliente.

Ahora es distinto, han construido unas termas y la gente las utiliza para darse baños, dicen que tienen poderes medicinales. Marco estaba fascinado con lo que le estaba contando, pero ya era hora de marcharse. Tengo que irme, le dijo, ¿podría volver mañana? El librero lo miró emocionado y le respondió que por supuesto, que volviese cuando quisiera.

Marco pasó todo el camino de vuelta a casa pensando en lo que le había contado el librero y sólo deseaba que llegara el día siguiente para poder volver.

Se acostó, pero no podía conciliar el sueño, por su cabeza no paraban de pasar imágenes de aquel libro y de lo que el anciano le había contado. Cuando logró quedarse dormido, soñó cómo paseaba por esas calles, que parecían de otro tiempo, se sentía muy a gusto y disfrutó dándose un baño en esas aguas de las que le había hablado el librero.

Cuando se despertó, se sentía relajado y feliz, estaba deseando que fueran las cinco para volver a la librería y seguir escuchando la historia sobre esa ciudad encantada.

Llegó la hora de salir de clase y Marco corrió hacia la librería. El viejo librero le sonrió y le preguntó si quería saber más sobre esa fascinante ciudad. Él asintió y entonces el hombre continuó con su relato.

Cuando yo tenía tu edad, mis padres decidieron cambiarse de ciudad y desde entonces yo la añoro todos los días, de hecho, como te he contado, viajo cada vez que puedo.

Ahora ya no es la misma ciudad que yo dejé, aunque sigue manteniendo el encanto de sus calles y por supuesto sus aguas termales. Además he de decirte que la ciudad es atravesada por el río Miño y a lo largo de su cauce también hay manantiales de agua caliente que, aunque ya los había en el pasado, ahora los han aprovechado y han construido numerosas termas de estilo romano.

“Estas son”, dijo, mostrándoselas en el libro. Marco se quedó fascinado viendo las fotografías, sin duda, era algo insólito.

El librero le fue explicando poco a poco todas las imágenes que en él aparecían, las termas, la impresionante Catedral, un puente que le comentó era romano...

Cuando el hombre terminó su explicación, Marco estaba alucinado, no paraba de hojear una y otra vez el libro, pero ya era hora de marcharse y con tristeza se lo devolvió. “Ya es hora de irme”, dijo amargamente. El librero lo miró con tristeza cuando el niño se acercaba a la puerta y sin pensárselo dos veces, cogió el libro de la estantería y se acercó a él.

Toma, le dijo, te lo regalo y si algún día tienes la posibilidad de visitar esa hermosa ciudad, disfrútala y acuérdate de mí, porque yo ya estoy mayor y no creo que pueda volver.

Marco le dio las gracias y muy emocionado le prometió que así lo haría. “ No sé cuando podré realizar ese viaje, pero tenga por seguro,- le dijo-, que lo primero que haré al llegar será acordarme de usted”.

Marco salió de la librería y cuando se giró vio al librero que lo miraba emocionado. Marco gritó: “ ¡Se lo prometo, lo primero que haré cuando llegue a Ourense, será acordarme de usted!”

Pasaron los años, Marco creció y ya estaba en la universidad, con un grupo de compañeros estaban organizando un viaje de fin de carrera, pero no se ponían de acuerdo sobre el destino, entonces Marco les enseñó ese libro que guardaba con tanto cariño y les propuso viajar a esa ciudad.

Tras un largo y cansado viaje en coche, habían llegado. En la cabeza de Marco pasaban todas las imágenes de ese libro, él ya conocía esa ciudad, había soñado con ella durante muchos años y por fin ahí estaba, se sentía feliz.

En cuanto se bajó del coche, miró a su alrededor y su primer pensamiento fue para ese hombre, el librero, al que tanto tenía que agradecerle.