XORNAL ESCOLAR

Más allá del Binarismo Sexual

Por una escuela que visibilice y valore la intersexualidad

Más allá del Binarismo Sexual

Simone de Beauvoir, en su obra “El Segundo Sexo” (1949), señaló que el género era una construcción social y no una categoría biológica, afirmando que la feminidad y la masculinidad son el resultado de los procesos de socialización diferencial de género en base al sexo asignado al nacer. Y afirmando esto denunciaba que la subordinación de las mujeres no estaba anclada a su biología, sino que residía en la sociedad patriarcal y, por ello, estaba en nuestra mano eliminarla.

Sin embargo, una vez desenmascarado el carácter biológico del género, quedaba un flanco abierto para los detractores/as de la lucha por la igualdad: el sexo, esa realidad supuestamente independiente de la acción de la cultura que continuaba operando a favor de la inferioridad femenina. Será otra filósofa feminista, Judith Butler, quien defenderá el carácter construido y no natural del dualismo sexual en su obra “El género en disputa” (1990), destacando que nacemos con una realidad corporal concreta que la cultura se encargará de significar, encasillándonos en dos categorías sociales excluyentes y jerarquizadas (hombre/mujer). 


La intersexualidad y las "correcciones" quirúrgicas


La idea filosófica de Butler sobre la construcción social del sexo puede parecer descabellada, sin embargo, y paradójicamente, es la naturaleza, a través de los cuerpos de las personas intersexuales, la que pone de relieve la falacia del carácter natural del dualismo sexual. La intersexualidad hace referencia a un amplio conjunto de variaciones externas y/o internas de las características sexuales que no se ajustan a los típicas del sexo “varón o mujer”, incluyendo genitales ambiguos, combinaciones cromosómicas más allá de la dualidad XX/XY o caracteres sexuales que no concuerdan con el sexo cromosómico, y que no permiten etiquetar al bebé en ninguno de los “dos sexos”. Esta realidad tan desconocida representa, sin embargo, al 1.7% de la población. Así, en una ciudad de 100.000 habitantes como Ourense, 1.700 personas nacen intersexuadas. Pero ¿por qué una realidad tan significativa es tan desconocida? 

La intersexualidad se silencia al ser concebida como una enfermedad y “corregida” a través de lo que Fausto-Sterling denomina el “calzador quirúrgico” (2000), en referencia a las modernas técnicas quirúrgicas de reparación estética de genitales. Operaciones que no curan nada, sino que simplemente mutilan cuerpos para hacerlos encajar en una de las dos categorías socialmente aceptables, contribuyendo así al mantenimiento del orden social. 


Desinformación familiar y vulnearación de los derechos humanos


Cuando un/a bebé nace intersexual, la familia, que es quien debe dar el consentimiento informado para proceder a la “normalización”, no recibe la información ni la ayuda adecuada. Habitualmente no se les explica que su bebé es intersexual, ni en qué consiste la intersexualidad; simplemente se les comunica que su bebé tiene un trastorno de la diferenciación sexual y se le recomienda la intervención quirúrgica como la mejor opción, sintiéndose así presionados/as a “encajar” a su hijo/a en un sexo determinado, como necesario primer paso para ponerle un nombre que le ubique claramente en la identidad que “habitará” y posteriormente socializarlo/a en masculino o en femenino, y evitar así el posible sufrimiento futuro ante situaciones de acoso escolar y social. En el blog “Mi bebé intersexual” (https://mibebeintersexual.wordpress.com/) una familia española relata la experiencia vivida con su bebé y su opción valiente al rechazar cualquier tipo de cirugía. 

En la adultez, cuando las personas intersexuales tienen la posibilidad de ser escuchadas, denuncian cómo estas cirugías, invasivas e irreversibles, tienen graves secuelas físicas y psíquicas en sus vidas, imponiéndoles una identidad y mutilando, sin su consentimiento, partes valiosas de su cuerpo, violando gravemente sus derechos sexuales y reproductivos y, en definitiva, sus derechos humanos (ver el blog “Brújula Intersexual” –https://brujulaintersexual.org/- para conocer algunas de estas experiencias). El colectivo intersexual reclama así el derecho a decidir libremente sobre su cuerpo y su vida cuando tenga capacidad de hacerlo, y exige que se reserven estas intervenciones exclusivamente a situaciones en las que corra peligro la salud del/a bebé. 

Países como Malta y recientemente Portugal prohíben las cirugías innecesarias sobre los/as menores intersexuales. Asimismo, Australia, India, Nueva Zelanda y Alemania, reconocen en sus leyes una tercera casilla (“género neutro”) hasta que los/as menores intersexuales quieran libremente posicionarse en una de ellas. 


Derecho a la formación y sensibilización en el respeto a las personas intersexuales


Las familias, la sociedad en general, así como los niños/as y adolescentes, tienen derecho a conocer la realidad intersexual. La escuela, como uno de los principales agentes de socialización, puede y debe liderar la visibilización de la intersexualidad, actualmente ausente del currículum escolar – en el que se continúa transmitiendo sin cuestionamiento alguno el binarismo sexual-, y fomentar el respeto y la valoración de las personas intersexuales, como una manifestación legítima más de la diversidad sexual. 
No son los cuerpos de las personas intersexuadas los que deben encajar en nuestra visión excluyente del mundo, es nuestra actitud excluyente la que debe cambiar para ser más inclusiva.